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COLUMNA

Aviso a la autoridad

Muy señora mía:

Me llamo Severo y soy un viejo profesor de literatura jubilado pero no jubiloso. Me refiero a usted en género femenino, pero sé que puede ser hombre o mujer. Felipe II era un hombre público. ¿Sería políticamente correcto llamar a Isabel la Católica mujer pública? La gramática es sinuosa. La autoridad es una institución travestida y algo ágrafa.

No es el caso de Esperanza Aguirre, inquieta señora mandamás que, aunque se fotografía con transexuales últimamente, es una dama de armas tomar. Ella, como todos los políticos, ha caído en las redes de la lingüística parlamentaria y mitinesca, provocando risas sin cuento en la ciudadanía. Los madrileños Lope, Quevedo, Cervantes o Calderón se desternillan en sus tumbas por un atentado al idioma tan bochornoso. La gramática parda organiza un batiburrillo ideológico que preconiza revolución estúpida e inútil, una pérdida de tiempo o una maniobra para que la gente no hable de cosas importantes.

Una ministra dice que no es miembro sino miembra. Al parecer, se lo toma en serio (¿en Siria, en Soria, en serie?). Tendría que leer La gramática descomplicada, de Álex Grijelmo: "El género masculino se asocia casi siempre (es decir, no siempre) a las personas o animales del sexo masculino. Pero, por ejemplo, decimos un pez, aunque se trate de un animal del sexo femenino, o sea, de una peza".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de junio de 2008