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Reportaje:

Hacia un nuevo mapa energético

Los países consumidores buscan alternativas a la dependencia de Rusia

Desde Turkmenistán a la Unión Europea pasando por Ucrania, los países dependientes de Rusia en el sector energético intensifican su búsqueda de alternativas. Moscú responde con un intento de diversificar sus rutas de exportación para reducir su propia dependencia de redes de transporte soviéticas como el oleoducto Druzhba (Amistad).

Entre los Estados productores, consumidores y de tránsito, deseosos de mejorar su posición negociadora frente a Rusia se han acelerado los contactos políticos y diplomáticos. Esta semana, Turkmenistán, principal productor de gas de Asia Central, y la UE han suscrito un protocolo para reforzar su cooperación energética. El documento fue firmado por el presidente turcomano, Gurbangulí Berdimujammédov, y el comisario de Energía, Andris Piebalgs, en Ashjabat, la capital de Turkmenistán, donde el comisario exhortó a los europeos a invertir en el sector energético turcomano.

La UE se acerca a Turkmenistán, primer productor de gas en Asia

Moscú construye nuevos oleoductos para exportar crudo a Europa

El grueso de las exportaciones de gas de Turkmenistán discurre hoy por los gasoductos rusos. No obstante, Berdimujammédov quiere mantener otras opciones (China y la ruta a Occidente a través del Caspio) por lo menos teóricamente para afirmarse ante Gazprom, el monopolio de gas ruso, que hace de intermediario en las exportaciones a Ucrania.

Analistas energéticos en Bakú, la capital de Azerbaiyán, ven con optimismo el reciente deshielo en las relaciones entre Turkmenistán y Azerbaiyán, países que discrepan por la jurisdicción sobre unos yacimientos de hidrocarburos en el fondo del Caspio. Turkmenistán ha reabierto su embajada en Bakú, cerrada en 2001, y el presidente Berdimujammédov viajó la semana pasada a la capital azerbaiyana en la primera visita de un líder turcomano desde 1996. Berdimujammédov y su colega azerbaiyano, Iljam Alíev, abordaron la creación de una ruta a través del Caspio, aunque no se filtraron detalles sobre la posible colaboración de ambos en la construcción de un gasoducto submarino que uniría el puerto de Turkmenbashí, en Turkmenistán, con Bakú. Estados Unidos ha financiado un estudio de viabilidad para este gasoducto, que podría perjudicar los intereses de Rusia como monopolista del transporte de gas de Asia Central. Según Berdimujammédov, Turkmenistán y Azerbaiyán, por su posición geográfica, ofrecen oportunidades tanto a Oriente como a Occidente.

Por otra parte, la UE y dirigentes de ocho países del entorno geográfico de Rusia asistieron el 23 de mayo a la cumbre energética de Kiev. Allí, los presidentes de Azerbaiyán, Georgia, Lituania, Polonia y Ucrania propusieron la creación de un corredor Euroasiático para transportar crudo de la región del Caspio a los clientes de Europa Central y del Este, y crearon un grupo de trabajo para estudiar la creación de un espacio de tránsito energético de los mares del Caspio, Negro y Báltico. El presidente ucranio, Víctor Yúshenko, quiere recuperar este año el control del oleoducto Odessa-Brodi (explotado actualmente por Rusia en sentido contrario ante la falta de combustible para el proyecto alternativo ucranio). En espera de que Kazajistán y Azerbaiyán acepten convertirse en suministradores de crudo, Yúshenko les ha ofrecido participar en nuevas refinerías en Ucrania. Alíev ha dado esperanzas de suministro a los ucranios, pero Kazajstán se muestra más esquivo.

En Rusia, Vladímir Putin sigue controlando los temas energéticos desde su nuevo cargo de primer ministro. A mediados de mes, Putin anunció que Rusia procederá a desarrollar su propia infraestructura petrolera y construirá el Sistema de Oleoductos del Báltico conocido por BTC-2, una ruta de 1.300 kilómetros que puentea a Bielorrusia desde Unechá (en la frontera occidental de Rusia hasta el puerto de Ust-Luga, en la región de Leningrado). Esta ruta supone una desviación del oleoducto Druzhba (Amistad), el sistema de origen soviético que Rusia ha utilizado hasta ahora para exportar crudo a Europa.

La idea de construir el BTC-2 surgió en 2007 como reacción a los aranceles impuestos por el Gobierno bielorruso de Alexandr Lukashenko (45 dólares por tonelada) al petróleo ruso. En la Administración rusa dudan de que haya suficiente crudo para llenar el nuevo oleoducto, pero Putin confía en que los nuevos incentivos fiscales a las petroleras permitirán incrementar la producción en 60 millones de toneladas de crudo anuales. El BTC-2, con capacidad de 50 millones de toneladas por año, costará 2.000 millones de dólares y deberá estar construido en 2015. En las obras de infraestructura en marcha en Ust-Luga participa el trader petrolero Gunvor, controlado por Gennadi Tímchenko, un amigo de Putin de San Petersburgo que se ha convertido en uno de los hombres más ricos del mundo (2.500 millones de dólares según la lista de Forbes). Gunvor, fundada en Ginebra en 1997, tiene un volumen de negocio de 70.000 millones de dólares y controla el 30% de las exportaciones marítimas de hidrocarburos de Rusia.

En el primer cuatrimestre de 2008, Rusia ha producido 161 millones de toneladas de crudo, un 0,3% menos en relación con el mismo periodo del año anterior. Para entrar en vigor en 2009, el paquete de incentivos fiscales a las petroleras deberá ser aprobadas por el parlamento antes del fin de su sesión de primavera. Entre las medidas previstas hay exenciones de hasta siete años para las empresas que realizan exploraciones geológicas o explotan nuevos yacimientos. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de junio de 2008