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Crítica:

Cuentos del viejo sur

Venden Honeydripper como una fábula sobre la eclosión del rock and roll, pero poco de lo que aquí se cuenta ilumina ese momento. De hecho, convendría olvidarse del drama central, otra variación sobre los afanes de unos chicos enfrentados a todo tipo de dificultades para montar una función. Preferible ver Honeydripper como una pieza de teatro filmado, situada en un territorio narrativamente tan fértil como el sur de Estados Unidos; la segregación racial determina los movimientos de los personajes, negros en su mayoría.

Danny Glover encarna a Tyrone Purvis, inquilino del Honeydripper Lounge, un local rural que agoniza. No es su único problema: su desencantada esposa, Delilah (Lisa Gay Hamilton), quiere cambiar el negocio de la noche por la vida reglamentada de los cristianos fundamentalistas. Tyrone irradia una resignada dignidad, aunque hasta sus enemigos son conscientes de que en otro tiempo fue un tipo de temperamento caliente. Los Purvis tienen una inocente hija, China Doll, que inevitablemente queda prendida de Sonny Blake (Gary Clark Jr.), un bluesman que aparece por este pueblo de Alabama y que posee -asombro general- una primitiva guitarra eléctrica.

HONEYDRIPPER

Dirección: John Sayles.

Intérpretes: Danny Glover, Charles

S. Dutton, Vondie Curtis-Hall, Yaya

DaCosta, Stacy Keach, Gary Clark Jr.,

Género: drama musical. EE UU, 2007.

Duración: 123 minutos.

La América blanca está representada por una tensa dama sureña (Mary Steenburgen), que pretende interesarse por unos sirvientes de los que ignora todo. Un gran hallazgo es el sheriff (Stacy Keach), cuya malevolencia básica -incluso suena lúbricamente amenazadora su afición al pollo que se sirve en el Honeydripper- queda enriquecida por el distanciamiento con que contempla las pasiones de esos negros que debe controlar.

John Sayles sigue ocupando su lugar privilegiado entre los realizadores independientes. Pero dedica más tiempo a la dirección de actores que a la consecución de una historia convincente. Su sentimentalismo y su laxitud rítmica determinan que Honeydripper se quede en una sucesión de estereotipos en busca de acción...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de mayo de 2008