Crítica:Crítica
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Amor en puntos suspensivos

La comedia romántica es un género que suele describir la experiencia humana como aquello que orbita alrededor del corazón. Un corazón entendido como la versión multisalas de su idea platónica. En Definitivamente, quizás, su protagonista descubre que su idea platónica del ser humano -que es nada menos que Bill Clinton- es, como diría Gil de Biedma, "un corazón infiel, / desnudo de cintura para abajo", y en ese descubrimiento traumático encuentra la película de Adam Brooks su considerable toque de distinción. Desde su título (de resonancias indie), Definitivamente, quizás... enfrenta la ortodoxia del género con el contrapeso de lo inconcluso, el horizonte de posibilidades que abren unos puntos suspensivos.

DEFINITIVAMENTE, QUIZÁS...

Dirección: Adam Brooks.

Intérpretes: Ryan Reynolds, Isla Fisher, Rachel Weisz, Abigail Breslin.

Género: comedia romántica. Estados Unidos, 2008.

Duración: 112 minutos.

Ryan Reynolds encarna a Will Hayes, un tipo que tuvo el sueño juvenil de convertirse en presidente de EE UU y ha acabado refugiándose en el líquido amniótico del mundo corporativo. En plenodivorcio, el antihéroe romántico reformula su memoria sentimental en forma de cuento de buenas noches para su hija (la magnética Abigail Breslin de Pequeña Miss Sunshine).

Alma y verdad

Tres arquetipos femeninos con cuerpo, alma y verdad -la novia del instituto (Elizabeth Banks), la fotocopiadora bohemia en perpetuo aplazamiento de la responsabilidad (Isla Fisher) y la femme fatale cultural (Rachel Weisz)- entran y salen de este relato oral con desenlace sorpresa: sólo al final, la receptora de esta autobiografía a pie de cama descubrirá la identidad de su madre.

El laberinto sentimental crece y se ramifica sobre un estimulante telón de fondo: el desencanto político del protagonista, peón en la campaña a la presidencia de Clinton, a medida que se van desvelando los escándalos sexuales que culminaron con el affaire Lewinsky. La película de Brooks se convierte, así, en la historia de un tipo que pierde la confianza en su padre simbólico y no tiene otro remedio que construir su identidad sentimental sin modelos. Lo estimulante es que todo eso sucede y se cuenta en el interior de una película que no oculta su destino para el gran público, pero tiene el detalle de recordar que, en ocasiones, ese público es adulto, exigente y no idiota.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 01 de mayo de 2008.

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