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Entrevista:CARMEN CONCEJO | Ex jefa de urgencias del Ramón y Cajal

"Si alguien puede morir, el médico ha de estar en urgencias"

Especialista en medicina interna, la pasión de Carmen Concejo, de 49 años, es la atención urgente. Llegó a urgencias del hospital Ramón y Cajal en 1989 y, en dos etapas, lo ha dirigido durante nueve años. Dimitió el pasado 7 de marzo.

Pregunta. ¿Por qué ha presentado la dimisión?

Respuesta. Hay razones de fondo y gotas que han colmado el vaso. Las de fondo son la precarización del servicio, la falta de una especialidad de urgencias... Ha colmado el vaso la eliminación del médico adjunto de cirugía en urgencias.

P. ¿Y eso es tan importante? ¿No basta con que el médico esté localizable en planta?

"La prioridad es operar a pacientes no urgentes para lucir la reducción de listas"

R. Eso es fundamental. Somos un hospital de referencia. Nos llegan pacientes de toda la comunidad y de otras provincias. Muchos están al límite entre la vida y la muerte, y nuestra misión es salvarles la vida. No sirve de nada un médico de guardia en la quinta planta si quedan veinte segundos para salvar la vida del paciente. Si alguien puede morir, el médico ha de estar en urgencias.Pregunta. Pero eso sucederá pocas veces y siempre les avisan antes de llegar a urgencias...

Respuesta. No se puede trivializar en eso. Si presumimos de ser un gran hospital, lo tenemos que ser desde las urgencias a la última especialidad. Hay dos ideas que no debemos olvidar: somos un gran hospital público y en urgencias salvamos vidas. Aquí no valen los experimentos. En el Ramón y Cajal logramos hace 10 años tener un adjunto de cirugía en urgencias. Quitarlo ahora es un retroceso. Y dejar en su lugar a un médico residente es multiplicar los riesgos.

P. ¿Pero el residente no está ahí para eso, para atender a destajo y aprender?

R. No. El residente vive en los dos primeros años un proceso clave de adaptación al trabajo hospitalario. Hay que ver cómo se enfrenta a las situaciones críticas, dónde está seguro, en qué falla... Hay que apoyarlo, darle confianza y que vaya asumiendo responsabilidades en el tercer y cuarto año de residencia. Dejarlos solos en urgencias en su primer y segundo año es tirarles a los pies de los caballos. Pero es que esto no lo digo yo, ¡lo dice la normativa! Yo he sido tutora de residentes y también he dimitido porque siento que ya no puedo cumplir con mi función.

P. La dirección del hospital dice que se debe a un reajuste de médicos y que usted ya había intentado dimitir tres veces...

R. Me importa más lo que dicen los médicos de la urgencia. Y han dejado por escrito que quitar al adjunto es un error muy grave. Y sí, yo había presionado con dimitir dos veces, no tres, porque es mi responsabilidad lo que ocurra en la urgencia. No somos un cargo honorífico, lo hemos visto en Leganés. Y es el responsable ante los trabajadores de las decisiones de la dirección. También de las erróneas. Y si se rompe todo eso, el compromiso que un coordinador siente con la dirección para la que trabaja y también con la idea de lo que debe ser la urgencia, lo mejor y más sensato es dimitir.

P. ¿Qué problemas de fondo han influido en su decisión?

R. Son varios. Llevamos muchos años sacando adelante una urgencia de primer nivel. Luchando para que los médicos desarrollen aquí su carrera y estén un tiempo hasta que encuentren algo mejor. Urgencias debería ser ya una especialidad reconocida, como en la mayoría de los países que nos rodean. Este problema ha surgido porque tres médicos se fueron a los nuevos hospitales.

P. ¿Y en el hospital?

R. Me he sentido falta de apoyo. Hay una tendencia que no me gusta hacia la precarización. En lugar de consolidar y reforzar una gran institución, como es el Ramón y Cajal, hay decisiones que van hacia lo contrario. Y luego hay errores básicos de estrategia. La urgencia y el hospital pueden necesitar camas para decenas de pacientes graves, pero la prioridad es operar pacientes no urgentes para lucir la reducción de la lista de espera. Ése es el fondo del problema. Vamos hacia una sanidad de escaparate, que se olvida de los problemas reales para presumir de lo accesorio pero bonito.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de abril de 2008