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Reportaje:talentos

Despacio y con buena letra

Julia Leigh, la lenta y decidida carrera literaria de una joven escritora australiana

"La mayoría de los niños escriben. Algunos abandonan. Yo no lo hice". Tal vez no fuese sólo el empeño infantil el que convirtiera a la australiana Julia Leigh en escritora. Puede que fuese su amor por las librerías de antiguo o su tropiezo con los trabajos del premio Nobel de Literatura J. M. Coetzee. Quizá muchos no lo sepan aún por aquí. Pero lo cierto es que la crítica la adora. Y los premios Nobel Toni Morrison y el surafricano J. M. Coetzee también.

"Jamás olvidaré la alegría que sentí cuando supé que El cazador sería un libro que yo podría achuchar en mis brazos", asegura lentamente, midiendo sus palabras y con la misma lentitud con la que se arrastran las tramas de sus dos novelas The Hunter (de 1999, y publicada en España en 2005 por Tropismos como El cazador), y Disquiet (Inquietud), ya a la venta en Australia, y que en España editará Mondadori con el título Inquietante.

"Escribir un guión o una novela no tiene nada que ver", opina Leigh

Está claro que no escribe libros como churros -nueve años separan sus dos obras- y que sus escritos no ocuparán las estanterías de superventas -su prosa poética es compleja y perturbadora-, pero hay algo en esta escritora de 38 años que la cuela en una nueva generación de escritores jóvenes y algo "góticos". La Nobel estadounidense Toni Morrison la describe como "una hechicera con un estilo capaz de embrujar y hacer sentir al lector una calma serena a pesar de que un terremoto azote la tierra". Este terremoto es Inquietud. Una novela donde una mujer regresa a la mansión francesa donde nació en una huida hacia delante, que acaba entregándola a los fantasmas del pasado. Todo muy sombrío. "Olivia, la protagonista, se siente muerta, antes de fallecer. Abandona a su violento marido. Y vuelve a la casa de su infancia donde sufrió una experiencia traumática", susurra desde Sidney donde nació. Aunque pasa temporadas en el extranjero. En 2002, regresó de París donde estuvo dos años "escribiendo", y ha pasado otros dos años y medio yendo y viniendo de Nueva York donde imparte clases de escritura en la Universidad de Columbia, y donde Toni Morrison fue su tutora.

La playa australiana Bondi (donde Leigh vive) y su bahía inspiraron El cazador, una obra traducida a seis idiomas, sobre la caza del último tigre de Tasmania. "Me interesaba plasmar la relación entre el cazador y su presa".

Con ese toque narcisista y algo ególatra del escritor convencido, Leigh revisa sus años universitarios. No tarda en escoger el encuentro literario que forjó su personalidad creativa. "Cursé Derecho y Filosofía, me había prometido no estudiar teoría literaria. No quería que esos conceptos académicos me contaminaran. En una librería de segunda mano, en 1994, descubrí What Henry James knew, de Cinthya Ozick [Lo que Henry James sabía]. Yo no tenía ni idea de quién era Ozick

[autora estadounidense de Los últimos testigos], pero sabía que Henry James era escritor. Y yo quería ser escritora. Así que compré el libro. Resultó ser una colección de ensayos literarios. Uno, The sister melons of J. M. Coetzee analizaba The life and times of Michael K de Coetzee [Vida y época de Michael K]. Decidí tomar prestado el libro. Aquella novela me hizo llorar como una magdalena. Me dije: 'para esto sirven los libros". Desde entonces Leigh ha devorado todo Coetzee. Hoy se considera discípula de su estilo y de la quietud del personaje principal, Michael K.

La novela sigue siendo su norte, pero su último proyecto tiene cariz cinematográfico. "No puedo revelar el título que he adaptado, sólo puedo desvelar que el director brasileño Walter Salles [Diarios de motocicleta] ha participado en el proyecto". Tal vez no quisiera estudiar teoría literaria, pero ahora no pierde ocasión para teorizar: "Escribir un guión y crear una novela es como comparar naranjas con manzanas; nada que ver".

Cuatro autores en las antípodas

Sobre Australia, el escritor londinense Mark Twain afirmó que su historia era tan pintoresca que suponía la novela más interesante que ese país podría entregarle al mundo. Sea como sea, ese continente bañado por el Pacífico, el Índico y el Antártico, donde el día se acaba ocho horas antes que en España, esconde jóvenes páginas de literatura que vale la pena hojear.

Will Elliott. Con sólo 29 años y enfermo de esquizofrenia, ha seducido a su continente, al Reino Unido, a Alemania y a Italia. Sus relatos de terror, no lejos de Stephen King o Marvin Peake, se amontonaron durante años en el fondo de un cajón. Hasta que decidió volcar su imaginario gore y violento en una novela. The Pilo family circus (El circo de la familia Pilo; publicado en Australia en 2006 por ABC Books) se llevó el gato al agua. Le llovieron premios como el Aurealis por la mejor novela de terror. Una pizca de Lovecraft y otra de Dan Simmons en una historia sobre un grupo de circo que secuestra a un niño.

Grandes preguntas

- ¿Quién es? Escritora nacida en Sidney hace 38 años. Crea con lentitud. Dos novelas en nueve años. El diario británico The Observer la incluyó en su selección '21 escritores para el siglo XXI'.

- ¿De dónde viene? "Escribo desde que tengo memoria. Escribir es para mí como atarme los zapatos o montar en bicicleta. Mi estilo proviene de J. M. Coetzee y de su obra Vida y época de Michael K".

- ¿Adónde va? Su última novela, Disquiet, llegará a nuestras estanterías con el título de Inquietante. Leigh acaba de adaptar una novela para un proyecto en el que participa el director brasileño Walter Salles (Diarios de motocicleta). Está escribiendo la tercera novela.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de abril de 2008

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