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Entrevista:MASSIMO D'ALEMA | Ministro de Asuntos Exteriores de Italia | Elecciones en Italia

"Sufrimos un síndrome de autodestrucción"

El ex primer ministro (1998-2000) cree que el país necesita profundas reformas constitucionales y liberalizadoras, y pide acometerlas con un amplio consenso, prometiendo diálogo si el Partido Democrático gana las elecciones.

Ex primer ministro, actual responsable de Exteriores y vicepresidente del Gobierno de Prodi en funciones, Massimo d'Alema (Roma, 1949) es uno de los grandes activos políticos del Partido Democrático liderado por Walter Veltroni. A ocho días de las elecciones, el candidato por la región de Campania invita a un grupo de corresponsales a viajar desde Roma a Nápoles en el tren de alta velocidad: 80 minutos, algunos tramos a 300 por hora, que sirven para quitar hierro a los últimos escándalos alimentarios -"voy a empezar a hacer yo análisis de dioxinas por Europa", bromea-, y para atacar, con dureza insólita en esta campaña de guante blanco, al gran adversario del PD, Silvio Berlusconi.

"El PD ha roto con los extremistas. Berlusconi, con los moderados"

"Intereses locales y corporativos son las resistencias que bloquean el cambio"

"La derecha sube el gasto público para sostener relaciones clientelares"

Diputado desde 1987, D'Alema pronostica que las elecciones se resolverán por un margen "muy estrecho", y que el ganador deberá consensuar la reforma del sistema político para buscar después un Gobierno fuerte que liberalice a fondo el país.

Pregunta. ¿Cree que seguirá viajando como ministro?

Respuesta. Bueno, también cuando estuve en la oposición viajé por todo el mundo. Ganemos o no, mi destino me parecerá sin duda espléndido, pero eso no es lo importante.

P. ¿Y qué le dicen los líderes extranjeros sobre Italia?

R. Todo sumado, hay un sentimiento filoitaliano. Resultamos simpáticos. El problema es que los italianos tenemos una visión muy crítica de nosotros mismos, somos nuestros peores críticos. A veces nos castigamos tanto que parece que sufrimos un síndrome de autodestrucción.

P. Quizá porque el país no cambia.

R. China empezó a cambiar el modelo en 1978. Fui allí enviado por Berlinguer después del congreso que ganó Deng Xiao Ping. China cambió deprisa. Los países democráticos tienen que avanzar con grandes consensos, y eso hace que no sea tan rápido.

P. ¿Cuál es el mayor obstáculo?

R. Necesitamos introducir profundas reformas liberalizadoras sin hacer trizas la cohesión social, la cuadratura del círculo. Nos ha costado liberalizar, pero el único que lo ha hecho hasta ahora ha sido el centro-izquierda. Es verdad que se han agravado las diferencias sociales, no hay movilidad suficiente, los jóvenes tienen dificultades y tardan en dejar a sus familias. Pero una novedad de esta campaña es que el mundo empresarial está muy a favor del centro-izquierda. Saben que el trabajo más difícil lo hacemos nosotros, y que Berlusconi no es un liberal. Ojalá tuviéramos una derecha realmente liberal en Italia. La nuestra es la única derecha europea que aumenta el gasto público. Es su forma de sostener sus relaciones clientelares.

P. Y el país sigue estancado.

R. El problema es que hay muchas resistencias.

P. ¿De quién exactamente?

R. Los fortísimos intereses de todos los que tienen un lugar al sol. Tenemos una tradición corporativa muy antigua, de noble origen. Y localismos muy fuertes que conviven con la debilidad del Estado nacional. Berlusconi es la suma de todo eso. La Liga ha criticado a Garibaldi por habernos dado el sur. Tienen un escasísimo sentido de la unidad nacional. Los Estados nacionales ya no compiten como antes, pero es indispensable que funcione el sistema país.

P. ¿Así que el problema principal es la fractura norte-sur?

R. Claro. Por eso es tremendo, aunque nadie habla de ello, que la Liga sea la fuerza determinante de la coalición de Berlusconi.

P. ¿Podrá el PD acometer el cambio que promete?

R. Desde su nacimiento ha sido una fuerza de cambio y una solución "ecológica" para simplificar el sistema político. Al presentarnos con un grupo único, cambia para empezar la mecánica parlamentaria. Es un sueño pensar que en los plenos habrá sólo cuatro o cinco declaraciones de voto en vez de 14 o 15.

P. Podrían haber reformado la ley electoral antes de ir a las elecciones.

R. Berlusconi se negó. Tiene una manía existencial con las elecciones, son su idea de revancha personal. Pero, gane quien gane, ahora lo fundamental es hacer tres grandes reformas: darnos una ley electoral razonable que reduzca a la mitad los parlamentarios y restituya la autoridad de las instituciones; cambiar la Constitución para reforzar los poderes del Gobierno nacional y reformar la Administración para reducir el tiempo de toma de decisiones y la burocracia. Habría que haberlo hecho, pero la responsabilidad es de Berlusconi. A veces parece que no quiere mucho a su país.

P. El Senado parece aproximarse hacia otro empate ingobernable.

R. El Senado es una lotería. El equilibrio depende de resultados regionales imposibles de predecir. En la Cámara se obtiene el 55% si tienes un voto más, pero no sé si el ganador tendrá la fuerza suficiente para reformar.

P. ¿Así que prevé un resultado apretado? ¿Habrá acuerdo entre las dos mayorías?

R. El resultado será muy estrecho. Creo que podemos ganar. Pero gane quien gane, tendrá un espacio limitado y deberá hacer las grandes reformas con un consenso amplio. No sé qué hará Berlusconi, pero si gana el PD, habrá diálogo.

P. ¿No ir con la izquierda de Fausto Bertinotti es una ventaja?

R. No hay duda. Es la gran novedad: ahora somos un centro-izquierda libre de condicionamientos ideológicos. Berlusconi ha dejado en el camino a moderados de centro, nosotros nos hemos alejado del extremismo.

P. ¿Por eso no se meten con la Iglesia?

R. Bueno, ya saben que con el Vaticano tenemos óptimas relaciones diplomáticas. En cuanto a la Iglesia católica italiana, tiene una participación importante en nuestro país. Pero no creo que tenga un peso real en la campaña. En la toma de postura política no juegan los mal llamados temas éticamente sensibles, lo que no quiere decir que no tengan relevancia social.

P. ¿Temen que la venta fallida de Alitalia les haga perder votos?

R. No lo sé. Lo que sé es que yo hago política, no marketing nacionalista y demagógico como Berlusconi.

P. Mozzarella contaminada, vino adulterado, la basura en Campania... El Espresso hablaba esta semana del "Veneno Italy".

R. ¡Calma, por favor! Somos uno de los países más longevos del mundo, tenemos un sistema de higiene y control más cualificado que el de Estados Unidos, y al leer algunos reportajes parece que estamos en estado de emergencia sanitaria. Voy a empezar a hacer yo los análisis de dioxinas en Europa a ver qué pasa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de abril de 2008