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Editorial:

Epidemia invisible

La salud mental se revela como uno de los grandes problemas sanitarios para el siglo XXI

LA SALUD mental ha entrado con fuerza en la lista de epidemias del siglo XXI. La última Encuesta Nacional de Salud ha incluido por primera vez datos relativos a las enfermedades mentales, y refleja que uno de cada cinco españoles -una proporción mayor que la de otras de las llamadas epidemias del siglo, como la obesidad o la diabetes- está en riesgo de sufrir un trastorno de esta índole, sobre todo depresión y ansiedad. La falta de datos anteriores o de nuestro entorno impide comparar el alcance del problema, pero eso no le quita gravedad. Y no es aventurado decir que las condiciones de vida actuales (prisa, estrés, tensión, responsabilidad) no son las mejores para frenar su avance.

Ya había pistas al respecto, aunque ahora se disponga de un medio para cuantificar el riesgo de padecer enfermedades mentales en España. En la lista de los 10 fármacos más vendidos el año pasado figuran un somnífero y un tranquilizante. Y cualquier psicólogo o psiquiatra podría haber vaticinado, sólo con consultar los archivos de su consulta, un resultado parecido. Hasta el Ministerio de Sanidad había dado una voz de alarma con la elaboración de una Estrategia Nacional de Salud Mental, al mismo nivel que las establecidas para las enfermedades cardiovasculares o el cáncer.

Lo complicado es que, en este caso, la solución no va a venir sólo de la mano de un puñado de pastillas. Como en otra de las epidemias del siglo XXI, el sida, para prevenir los problemas mentales hay que cambiar los hábitos de la población, y eso es mucho más difícil. Los resultados de la encuesta apuntan que son las personas en peor situación socioeconómica y las mujeres quienes están en más riesgo. Y para aliviar su situación ni siquiera bastan los buenos propósitos individuales. Los datos sobre el desigual reparto entre hombres y mujeres de las tareas del hogar y el cuidado de mayores, niños y discapacitados muestran la dificultad de vencer ciertas inercias, pero son, a la vez, un buen indicador de por dónde se tiene que empezar a trabajar. La encuesta revela, además, que las comunidades con peores indicadores de salud mental son Canarias, Navarra y Baleares.

La buena noticia es que el diagnóstico ya está hecho. Queda por ver con qué decisión se avanza en su tratamiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de marzo de 2008