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Hacia Pekín 2008

"La lucha pacífica no ha funcionado"

Rabia y dolor en la ciudad india que acoge el Gobierno tibetano en el exilio

Miles de velas iluminan la noche en Dharamsala, ciudad al norte de la India donde se encuentra el Gobierno tibetano en el exilio. Luto, desamparo, resignación y rabia son los sentimientos entre los que se debaten los exiliados tibetanos tras la muerte de decenas de sus compatriotas por la represión de China. "Estamos listos para la lucha violenta. Ya hemos intentado la paz por muchos años y no ha funcionado en absoluto", dice un joven que se pasea en motocicleta con una bandera tibetana por capa.

El muchacho sigue su camino gritando consignas por las calles de Dharamsala repletas de carteles en contra de los Juegos Olímpicos en China: "La celebración de la violación de los derechos humanos", reza una de ellas. Para los tibetanos, los Juegos Olímpicos son la oportunidad de que el mundo recuerde su causa.

"No he sabido nada de mi familia, que está en el Tíbet. Temo por la represión que están sufriendo. Estos días es imposible llamar por teléfono y no llega mucha información porque no hay periodistas dentro", señala el monje Nya Konchok.

La gente se concentra en los cibercafés para conseguir alguna imagen por YouTube o canales de televisión internacionales. Las calles están empapeladas con fotografías de la represión y de los muertos que ha dejado.

En la noche del domingo, muchos de los 20.000 habitantes de la pintoresca localidad marcharon por las empinadas callejuelas con velas en las manos hasta congregarse en la explanada del templo budista. Buscaban consuelo en la retransmisión de la conferencia televisada que su líder espiritual, el Dalai Lama, dio a la prensa el día anterior, en la que denunciaba el genocidio cultural. Reinaba el silencio.

En lugar de protestar con gritos, los tibetanos exiliados se manifestaban con miles de velas que llevaban en sus manos y que colocaron por toda la ciudad. "Son para venerar a nuestros hermanos que han sido brutalmente asesinados y para protestar contra China", explicaba Sonam Dawa, el monje que organizó esta protesta. Para Dawa, como para la mayoría de los monjes, las protestas pacíficas deben ser la forma de demandar que el Tíbet sea libre, o que, al menos, goce de verdadera autonomía dentro de China. Dawa, sin embargo, sostiene que él, como muchos, ya ha perdido toda esperanza.

Aunque la mayoría de los 100.000 tibetanos exiliados en India defienden la no violencia, la rabia y la desesperación comienzan a despertar instintos violentos. "En India vivimos bien, pero esta vez su Gobierno nos ha defraudado al ceder a favor de Pekín y detener a un centenar de los nuestros que marchaban hacia el Tíbet", explica Geshe Namse, otro monje.

"Sueño cada día en volver a mi tierra, que es mi madre. Es lo que me mantiene vivo", decía Tenzin Choden, un anciano que huyó cuando tenía 23 años. Mientras, los 43 miembros del Parlamento tibetano en el exilio han decidido viajar a Nueva Delhi para hacer una huelga de hambre, según informa el portavoz Thubten Samphel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de marzo de 2008