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Reportaje:

Los cardenales copan la dirección ejecutiva

Hoy se decide qué prelado dirigirá la poderosa comisión doctrinal de la CEE

Los obispos continuaban anoche una larga sesión de votaciones, que no concluirán hasta el mediodía de hoy. La primera elección, después de aupar a Rouco a la presidencia de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y colocar en la vicepresidencia a un disciplinado Blázquez, fue la del poderoso Comité Ejecutivo, que quedó constituido con siete miembros, en su mayoría cardenales.

Liderada por Rouco, están en la ejecutiva los cardenales Antonio Cañizares Llovera (Toledo), Lluis Martínez Sistach (Barcelona) y Carlos Amigo Vallejo (Sevilla), además de el obispo Blázquez (vicepresidente) y el arzobispo de Oviedo, el cántabro Carlos Osoro Sierra. Destaca la ausencia del prelado de Valencia, cardenal Agustín García-Gasco.

Continuismo en la presidencia de las comisiones más relevantes

Agustín García-Gasco, cardenal de Valencia, queda fuera del Comité Ejecutivo

Es miembro nato de este órgano el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino, por su cargo de portavoz y secretario general de la CEE. Jesuita al margen de la disciplina de la Compañía de Jesús, fue aupado a esa responsabilidad por Rouco, que hace tres meses lo hizo su auxiliar. Es casi seguro, por tanto, que en otoño próximo sea reelegido para un nuevo mandato de cinco años. Es uno de los duros del episcopado.

A lo largo de la tarde de ayer, hasta bien entrada la noche, los obispos fueron preparando las votaciones de hoy, para decidir quiénes serán los presidentes de las 14 comisiones episcopales en que se articula la CEE. De ahí saldrá la Comisión Permanente, compuesta por el Comité Ejecutivo, los presidentes de las comisiones y los cardenales no elegidos para función ejecutiva alguna.

No se esperan grandes cambios, sólo en aquellas comisiones cuyos presidentes están próximos a presentar su renuncia por edad, o ya lo hayan hecho. Es el caso del obispo de Málaga, Antonio Dorado, presidente de la Comisión de Enseñanza y Catequesis, siempre conflictiva con el Gobierno. También habrá relevo en la Comisión para la Doctrina de la Fe, que es como se llama ahora el temible Santo Oficio de la Inquisición. La preside provisionalmente el cardenal de Valencia, Agustín García-Gasco, por la muerte en marzo de 2007 del obispo auxiliar de Madrid, Eugenio Romero Pose, sus titular.

Esta comisión desempeña en España la función de policía doctrinal y ha estado presidida por prelados tan relevantes como el propio Blázquez y el cardenal Cañizares. Blazquez lo hizo durante tres trienios, cosa poco frecuente por necesitar para ello los dos tercios de los votos emitidos.

Es un cargo de especial relevancia porque en Roma lo desempeñó durante décadas el actual papa. Pero también de mucho conflicto. En los últimos años ha sometido a investigación y condenado, con gran repercusión, a los teólogos Juan José Tamayo y José Antonio Pagola (por sus libros sobre Jesucristo), al redentorista Marciano Vidal (por sus publicaciones sobre moral sexual), y al claretiano José María Vigil, por su obra Teología del pluralismo religioso. Curso sistemático de Teología Popular, entre otros.

También serán designados esta mañana los presidentes de las tres subcomisiones -para la Familia y Defensa de la Vida; Universidades y Catequesis- y de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, además de los miembros del Consejo de Economía.

Todas estas votaciones tienen la importancia de reflejar qué prelados aumentan o disminuyen su peso en la conferencia y en la Iglesia española. También indican la relevancia de los más jóvenes o los nuevos. Todos los cargos se eligen en votación secreta (en papeleta), y cada votación va precedida de una de sondeo.

El sistema de elección en la CEE es complicado, pero rigurosamente democrático. No hay candidatos, porque todos los prelados pueden serlo. Tampoco hay campaña electoral, sino votaciones de tanteo seguidas de lo que los jesuitas llaman las murmuraciones (cambio de impresiones entre prelados sobre los que más suenan para cada cargo).

La alección de presidente, vicepresidente, miembros del Comité Ejecutivo, miembros de la Comisión Permanente y presidentes de Comisiones Episcopales exige mayoría absoluta (la mitad más uno) de los votos para los dos primeros trienios, y mayoría cualificada (dos tercios) para el tercer trienio consecutivo.

Nadie puede ser renovado en el cargo después de haber estado en él tres trienios consecutivos. Pero puede volver a la misma situación pasado un trienio. Es lo que ocurrió ayer con Rouco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de marzo de 2008