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Reportaje:

Estacas en el corazón del paisaje

Dos autopistas de peaje atravesarán de norte a sur la provincia de Málaga

En el pandemónium de objetos tirados por el suelo junto a la casa en obras de José Luis Oyarbide, en la barriada de Los Mellizos, en Casabermeja (Málaga), hay uno que llama especialmente la atención. Se trata de una estaca de madera hincada en el suelo a unos diez metros de la puerta de la vivienda. El palo, de unos 30 centímetros y pintado con spray rojo, tiene dos letras y cuatro cifras escritas con rotulador: pk 9,540. Punto kilométrico 9,540. Esa estaca, clavada en el corazón de la finca de Oyarbide, marca el lugar por donde pasará la futura autopista de peaje AP-46 que unirá el alto de Las Pedrizas con Málaga capital, y cuyas obras comenzaron el pasado 18 de febrero.

En diciembre de 2009, cuando se inaugure la nueva carretera de pago -la segunda proyectada en la provincia de Málaga, junto a la Marbella-Ronda- la vivienda de este electricista separado se quedará, si nadie lo remedia, "como un palomar". Por la derecha, separada por un muro de contención, pasará la autopista. Por la izquierda, donde ahora hay fincas y un camino, se ha previsto un carril de servicio.

Sacyr y GEA 21, empresas constructoras y concesionarias del peaje, han ofrecido "unos 9.000 euros" a Oyarbide por los 22.000 metros cuadrados de su parcela, en la que hay 360 árboles, la mayoría almendros y olivos, y han dejado fuera de la expropiación a la casa, una modesta construcción de unos 90 metros cuadrados de planta. En los planos de expropiación, la casa de Oyarbide queda como un botón de cal blanca dentro de un ojal de asfalto. "O me hacen una casa nueva en otra finca cercana o me buscan un piso en Casabermeja, lo que ellos quieran, pero así no me voy a quedar", asegura Oyarbide, que ha puesto su caso, al igual que otros vecinos de la zona, en manos de un abogado.

No es la única casa de esta zona semidespoblada de los Montes de Málaga que va a quedar a orillas de la carretera. Los planos de la obra muestran cómo media docena de casas, la mayoría muy humildes, entran como una cuña en el trazado de la autovía.

"La empresa no quiere expropiar las viviendas para ahorrarse el dinero y maximizar los beneficios desde el principio, y a cambio las dejan a las orillas de la carretera", se queja Rafael Cañada, presidente de la asociación Autopista No. El avance de las máquinas en las dos primeras semanas de obra hace evidente que la plataforma ha fracasado en el objetivo que le da nombre. Ahora ya sólo le queda vigilar por que la obra, adjudicada en 367 millones de euros, cumpla "al milímetro" con las estrictas exigencias de la declaración de impacto ambiental. Lo que más preocupa a los afectados es la gestión de los 8,64 millones de metros cúbicos de tierra que hay que mover para construir la carretera y con los que se podrían llenar 3.456 piscinas olímpicas. "Fomento prometió por carta que no habría vertederos en el valle", recuerda Cañada.

La autopista, por la que pasarán 5.000 coches diarios, según el Ministerio de Fomento, tendrá estación de peaje a las afueras de Casabermeja. Su alcalde, Antonio Domínguez (IU), considera "un desatino" que no hayan previsto un enlace desde la autopista hacia el núcleo principal del municipio. Además, según Domínguez, el trazado "hace un efecto barrera que coarta el posible desarrollo futuro del municipio". El regidor considera también "ridículas" las expropiaciones. "No expropian ni una casa aunque quede en el borde de la autopista".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008