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El príncipe Enrique vuelve al Reino Unido por seguridad

El Ministerio de Defensa británico anunció ayer el inminente retorno del príncipe Enrique, que llevaba 10 semanas desplegado en Afganistán en una misión secreta que tenía que haber durado cuatro meses. El regreso ha sido decidido por la cúpula del Ejército por temor a que los talibanes redoblaran sus ataques contra la unidad en que se encontraba el hijo del príncipe de Gales, después de que se filtrara en una página de Internet de Estados Unidos su presencia en Afganistán. La decisión fue aplaudida por el primer ministro, Gordon Brown, y por el líder de la oposición, David Cameron, que tuvieron palabras de elogio hacia el joven soldado.

Su empeño en combatir en Afganistán, anunciado hace un año, luego suspendido y finalmente hecho realidad en secreto, ha sido la mejor propaganda posible para el príncipe, de 23 años y tercero en la línea de sucesión de la corona británica. Hasta que se decantó por la carrera militar, la imagen de Enrique estaba dominada por su afición al alcohol y a las juergas y por meteduras de pata como disfrazarse de soldado nazi en una fiesta de carnaval.

"La decisión se ha tomado ante todo sobre la base de que la cobertura mediática mundial de la presencia del príncipe Enrique en Afganistán puede afectar a la seguridad de aquellos que están desplegados allí, así como los riesgos que corre él de forma individual como soldado", ha explicado el Ejército.

"Deuda de gratitud"

El primer ministro subrayó ayer "la deuda de gratitud" contraída por el Reino Unido con el nieto de Isabel II por servir en Afganistán. "La seguridad es lo primero", añadió Brown. "Ése ha sido el factor decisivo tenido en cuenta por el personal de Defensa y creo que todos tenemos que respetar esa correcta decisión". Su regreso pone de relieve "las dificultades y retos" que afrontan las fuerzas armadas, subrayó Brown.

Los medios británicos estaban al corriente, desde el principio, del viaje de Enrique y aceptaron mantenerlo en secreto a cambio de tener acceso al príncipe para sus reportajes, que tenían que haberse publicado al final de su despliegue. Aunque se han levantado voces críticas, tanto la opinión pública como los políticos han aplaudido ese silencio de los medios y quizás lo que más ha sorprendido es que el secreto se haya prolongado 10 semanas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de marzo de 2008