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Reportaje:ELECCIONES 2008 | El primer cara a cara

La niña de Rajoy no tiene padre

El discurso final del candidato del PP fue lo que menos gustó en su partido "por antiguo"

La noche del lunes, Mariano Rajoy fue recibido con euforia en la sede central del PP, en la calle de Génova (Madrid). Después del fiasco de Manuel Pizarro, la cúpula del partido pasó un día terrible, de muchos nervios, y el papel de su líder en el debate, poniendo en dificultades al presidente en varios asuntos, significó una liberación. Génova era una fiesta. Pero después, cuando se quedó con los más cercanos, algunos se relajaron y empezaron las bromas. Todas sobre lo mismo: la dichosa niña. El discurso final de Rajoy, con referencias a una niña española a la que él quiere garantizar casa, trabajo, y orgullo de ser española, no gustó a casi nadie, según media docena de dirigentes consultados.

La mayoría de los dirigentes atribuye la idea del discurso final a Antonio Sola, el gran fichaje para la campaña del candidato

Unos y otros se fueron calentando con las bromas por ese final lírico. "Es que a Mariano eso no le pega nada, él es mucho más de la calle, quedó como una impostura. Sonaba un poco antiguo", sentencia un miembro de la cúpula. Tras las bromas, la pregunta: "¿De quién ha sido esa idea?". Nadie asume la responsabilidad. La niña de Rajoy no tiene padre. Sin embargo, todos los dirigentes coinciden en que, mientras la campaña electoral se ha diseñado desde Génova, Rajoy ha preparado el debate íntegramente fuera del partido, sobre todo en su casa con Pedro Arriola, mago de las encuestas, un profesional que no tiene ni siquiera carné del PP, aunque ya era el hombre de máxima confianza de José María Aznar. Fue Arriola el hombre que acompañó a Rajoy en el coche y en el descanso del debate.

A Arriola se le atribuye el tono del debate, muchas frases, y el ritmo en general. Sin embargo, la mayoría de los dirigentes consultados atribuyen la idea de la niña a Antonio Sola, el gran fichaje de Rajoy para la campaña. Es Sola quien le acompaña en los viajes y le da muchas ideas. Este español ha pasado años en Latinoamérica dirigiendo con éxito campañas electorales, entre ellas una en Guatemala que tenía como lema "mano dura, cabeza y corazón" -el del PP es "con cabeza y corazón"- y la última y exitosa del presidente mexicano, Felipe Calderón. Sola no quiso ayer confirmarlo ni desmentirlo.

Otra de las cosas más comentadas de Rajoy durante el debate fue su extraño gesto con los ojos. El líder del PP tiene un tic que le hace abrirlos mucho de vez en cuando. Pero lo que nadie se explicaba era por qué se le iba tanto la mirada a la izquierda. Según uno de los miembros del equipo que le acompañó, todo se produjo por un error en la colocación de los marcadores del tiempo. Rajoy, como Zapatero, tenía dos. Uno donde tenía los papeles, y otro en la pared detrás del presidente del Gobierno. El de los papeles le obligaba a mirar hacia abajo, así que se fijaba en el otro. Pero estaba colocado un poco a la izquierda, y además él lo miraba muchísimo. Los estrategas del PP pensaron en decírselo en el descanso de seis minutos, pero desistieron. "Sólo íbamos a conseguir ponerle más nervioso y no era tan importante", sentencia uno de los presentes en Ifema.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de febrero de 2008