Reportaje:

El cantante de los nazis

El artista de cabaret holandés Johan Heesters vuelve a actuar en su país, tras ser repudiado, a los 104 años

Johan Heesters, un tenor holandés que llegó a ser la estrella del cabaret y los musicales del país a principios del siglo pasado, ha esperado a cumplir nada menos que 104 años para actuar de nuevo en su tierra. El regreso ha sido emotivo y accidentado a la vez, con un millar de personas aplaudiéndole en el teatro, mientras la policía detenía fuera a ocho personas.

Y es que a Heesters, todavía con un poderoso hilo de voz, le persigue un pasado turbulento. En 1935 se marchó a Alemania y Austria y allí permaneció cantando durante la II Guerra Mundial. En una ocasión, lo hizo ante el propio Hitler. En otro momento, ya en plena contienda, visitó el campo de concentración de Dachau. Luego continuó su carrera en el entorno nazi, sin hacer comentarios sobre el drama que había contemplado. Aunque los aliados le permitieran seguir trabajando después de la guerra, en su país el público le dio la espalda.

Sin embargo, el rechazo de sus compatriotas no fue inmediato. Heesters, un tenor de buena planta que agradeció la noche del pasado sábado "la simpatía de un público muy amable", actuó en Holanda sin problemas hasta 1964.

Ese año cometió un error que lo llevó al exilio durante 40 años: aceptó interpretar al capitán Von Trapp en el musical Sonrisas y lágrimas. Dicho personaje se ha convertido en el paradigma de la rectitud moral para todos los públicos y los críticos le trituraron. De nada sirvieron sus declaraciones de fidelidad a su patria. En pocas semanas, la obra fue retirada de cartel. Verle encarnando a un hombre que dejó su casa para no colaborar con Hitler resultó intolerable y forzó su marcha.

Ahora que ha vuelto, ha cantado y es ya un anciano casi ciego, los críticos han suavizado sus puyas. "El tipo ya no es un fascista. En realidad, ni siquiera lo fue. No pensó en las consecuencias políticas de lo que hacía", ha resumido el columnista Jan Blokker.

Para el propio Heesters, la vuelta parece haber supuesto el reencuentro con un público que lo abandonó por su torpeza moral, pero no por su arte. Al menos eso dio a entender desde el escenario del teatro en la ciudad de Amersfoort, en el centro de Holanda, donde entonó melodías tradicionales ante jóvenes y mayores.

El cantante, durante su actuación.
El cantante, durante su actuación.EFE
Johan Heesters, a la derecha, durante su visita al campo de exterminio nazi de Dachau en 1941.
Johan Heesters, a la derecha, durante su visita al campo de exterminio nazi de Dachau en 1941.EFE

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 17 de febrero de 2008.

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