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Reportaje:

Bajo la amenaza de la recesión

El crecimiento de EE UU se ha estancado y amenaza con acercarse peligrosamente a la zona negativa

Pasa a la página siguienteMás bajadas de tipos de interés o más recortes de impuestos. La amenaza de la recesión obligó a la Reserva Federal (Fed) y a la Casa Blanca a actuar de inmediato para afrontar la crisis creada por el colapso inmobiliario y la congelación del mercado de deuda. Los economistas coinciden en que esta combinación de política monetaria y fiscal es necesaria para dar aire caliente a la expansión, aunque ven más efectivo que se dirijan los recursos a estabilizar el sector de la vivienda más que a los bolsillos de los consumidores.

Nueve meses. Y con suerte seis. Es lo que dicen en Wall Street que tardará la economía de Estados Unidos en retomar el vuelo tras este periodo de "crecimiento anémico". Es el término que les gusta utilizar a los miembros del banco central para no citar la palabra tabú. La proyección se basa en la lectura de los datos de las recesiones de 1990 y 2001, en concreto la curva de los bonos del Tesoro a dos y cinco años, que están a su nivel más bajo en siete años.

El presidente Bush intenta estimular el consumo familiar con un paquete de ayudas fiscales por valor de 168.000 millones de dólares

La economía está desequilibrada y el mercado se muestra cada vez más reticente ante los estímulos monetarios de la Reserva Federal

La mayoría de los expertos opina que la contribución de los estímulos fiscales para el crecimiento será "modesta", unas tres décimas en 2008

Los tipos de interés a medio y largo plazo ayudan al parqué a anticipar la tendencia futura de la economía. Hace poco más de un año era el mercado de bonos de Chicago el que auguraba que Estados Unidos bordearía la recesión. Un extremo que negaron los bancos centrales y los organismos financieros internacionales, al decir que el estallido de la doble burbuja hipotecaria e inmobiliaria estaba contenida y no salpicaría al resto de la economía.

Cambio de discurso

Unos meses después, las cosas no son así. Ahora ya nadie lo dice tan alto y hasta el gobernador Jeffrey Lacker lo da casi por hecho dentro de la Fed, después de ver cómo el presidente del banco central, Ben Bernanke, cambió radicalmente de discurso en enero. En su comparecencia esta semana ante el Senado, Bernanke caracterizó la situación actual de "lento crecimiento" y no descartó la posibilidad de que "el mercado de la vivienda y el del empleo se deteriore más de lo anticipado".

Citigroup explica que la economía está desequilibrada y el mercado se muestra cada vez más resistente a los esfuerzos y agresividad que se está ejerciendo por la vía de la política monetaria. Los tipos de interés en Estados Unidos pasaron desde el 5,25% en agosto al 3% a final de enero, y no se descarta que se produzca un nuevo recorte antes de la reunión programada para el 18 de marzo próximo. Los signos de desaceleración son evidentes persuasivos, por no decir preocupantes, según los analistas.

La expansión económica se estancó prácticamente durante los últimos tres meses de 2007, al crecer el producto interior bruto (PIB) un tímido 0,6%. Y es muy probable que ese ritmo lento de crecimiento se mantenga en el arranque de este año, hasta el punto de acercarse peligrosamente a la zona negativa, si es que no lo está ya. La Reserva Federal de Filadelfia cree que se evitará y proyecta una expansión del PIB del 0,7% en el primer trimestre y del 1,3% en el segundo, para recuperar el 2,8% en el tercero y el cuarto de 2008. La posibilidad de una recesión la sitúa ahora en el 47%, frente al 22,5% que dijo en noviembre.

La Casa Blanca, entre tanto, mantiene intactas las previsiones y asegura que no habrá recesión en Estados Unidos. El consejo de asesores económicos del presidente George Bush proyecta un crecimiento del 2,7% para este año, dos décimas por encima al registrado en 2007, y que recupere su potencial (3%) en 2009 y 2010.

El banco de inversiones UBS lo ve mucho más oscuro. Su estimación es de una caída en el crecimiento del 1% durante los tres primeros meses de este año, que se agravará al 1,5% en el segundo, con lo que da por consumada la recesión en el primer semestre de 2008. En lo que sí coincide con la Fed de Filadelfia es que en los últimos seis meses se producirá un fuerte repunte gradual, hasta el 1,5% en el tercer trimestre y al 2,8% en el cuarto.

Los datos de actividad industrial y en el sector servicios, que sufren una caída gradual desde el último pico en septiembre y octubre, confirman este deterioro en las condiciones económicas y se teme que el efecto combinado de la desocupación con la caída en el valor de la vivienda y el alza del petróleo deprima el consumo. Es la tesis de Michael Metz, de la firma Oppenheimer, que habla desde hace nueve meses de la que será la primera recesión en el consumo en varias décadas. Esto hará más difícil el repunte en el crecimiento, que no ve hasta bien entrado 2009.

Robert Stein, de First Trust, discrepa. Y para ello recuerda que los ingresos de las familias están creciendo más rápido que la inflación. "El capital de consumo es bastante fuerte", afirma, a la vez que se muestra confiado ante un relajamiento de la espiral energética. Por eso cree que la economía repuntará con fuerza a mediados del año en curso.

Dinero al bolsillo

El debate está servido. Una buena parte de los analistas opinan que no es necesario estar luchando constantemente contra la Fed, porque llegará un momento en el que la economía empezará a responder a las rebajas de tipos. Y eso podría empezar a notarse ya este mes, cuando pasen seis meses del primer recorte de tipos del pasado agosto. Otros son más críticos, y creen que en este momento la Fed es "irrelevante" e incluso "ineficiente".

La Reserva Federal no es la única que está intentando poner dinero en los bolsillos de los estadounidenses. El presidente George Bush estampó el pasado miércoles su firma en el paquete de 168.000 millones de dólares de estímulos fiscales al crecimiento, que tiene como propósito principal inyectar efectivo en los bolsillos de 130 millones de consumidores para que gasten, y que también contempla ayudas a las empresas que inviertan en equipamiento. Los primeros cheques llegarán a los buzones de los hogares estadounidenses en mayo. Los principales beneficiarios serán los individuos y familias con pocos ingresos, jubilados y veteranos de guerra con alguna discapacidad física. La inyección de efectivo será de 600 dólares por contribuyente con unos ingresos inferiores a los 75.000 dólares anuales, y de hasta 1.200 dólares para las parejas.

Además, las familias podrán beneficiarse de 300 dólares adicionales por cada hijo. La ayuda se reduce de forma progresiva cuando se rebasa ese techo de ingresos. Para los asalariados que ganen menos de 3.000 dólares y que no están obligados a declarar, la devolución será de 300 dólares, cifra que se duplica para las parejas. Esa misma cantidad la recibirán los jubilados afiliados al sistema público de pensiones y los veteranos.

El plan de rescate empezó a diseñarse en noviembre, cuando los síntomas de la crisis financiera eran innegables. Aunque la Casa Blanca y el Congreso llegaron a un pacto en un tiempo récord, en Wall Street consideran que el estímulo llegará tarde para evitar que llegue la recesión a Estados Unidos. Eso sí, los analistas consideran que contribuirá a que, de tocarse ese extremo, el impacto será suave y no tan prolongado en el tiempo, y facilite el repunte.

El impacto de los estímulos empezará a notarse entre finales del segundo trimestre y comienzos del tercero, a partir de las opiniones profesionales recogidas por la Fed de Filadelfia. Aunque quizá lo más llamativo sea ver que la mayoría de los expertos opina que su contribución será "modesta", en torno a tres décimas porcentuales en el conjunto de 2008 y una décima en 2009. Sin embargo, creen que jugará un papel importante para potenciar el gasto.

"Es todo un proceso", indican desde Deutsche Bank, que explica que el reto está ahora en marcar el fondo a la crisis. Pero en Bear Stearns cuestionan la utilidad de este recorte temporal de impuestos y opinan que esa ingente cantidad de dinero que se va a cargar al presupuesto federal estaría mejor si se destinaran los cheques a estabilizar el mercado de la vivienda, que es donde está el origen de todos los problemas económicos y financieros que sufre Estados Unidos desde el pasado verano.

Goldman Sachs calcula que a final de este año habrá 15 millones de propietarios con una deuda hipotecaria mayor que el valor de sus casas. Esto podría acelerar la caída en el precio de la vivienda, en torno al 4,5% de media, y acelerar el ritmo de los embargos, en el que podrían verse atrapados cerca de dos millones de hogares sujetos a préstamos variables. Esa posibilidad supone una amenaza económica, porque los estadounidenses recurren a su patrimonio inmobiliario para dotarse de efectivo con el que pagar los estudios de sus hijos o cubrir otros gastos excepcionales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de febrero de 2008