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Crónica:PALABRA DE MUJER | OPINIÓN
Crónica
Texto informativo con interpretación

Debates de verdad

Soledad Gallego-Díaz

Los ingleses tienen a veces ideas raras y excéntricas. A veces, de puro excéntricas son formidables. La última procede del departamento de la Infancia, Escuela y Familia del gobierno, que ha incluido en su nuevo, y debatido, Plan para la Infancia una curiosa novedad: "Cada niño tendrá acceso como mínimo a cinco horas de cultura de alta calidad a la semana". El anuncio lo hicieron esta misma semana, conjuntamente, los secretarios de Estado de ese departamento y de Cultura, y, por lo que se ve, le ha caído bien a los ingleses en general.

¿De qué se trata cuando se habla de "alta cultura"? Por lo que se ve, de lograr que todos los niños ingleses vayan a ver los mejores y más selectos espectáculos de teatro, danza, exposiciones, conciertos y recitales que se desarrollen en su entorno. "Especialmente se pondrá atención en que asistan a esas actividades culturales los niños que seguramente no tendrían acceso a ellas de otra manera", recogió un servicio informativo de la BBC.

El Plan para la Infancia inglés dice que cada niño tendrá acceso a "cinco horas de alta cultura a la semana"
Los ingleses no quieren integrar a los niños inmigrantes a través de la tradición, sino de la cultura como ilustración

El programa contempla destinar fondos extra a las escuelas financiadas con dinero público no sólo para comprar esas entradas o para pagar el transporte, sino también para que los niños creen sus propios espectáculos teatrales, facilidades para que aprendan a pintar o a tocar de forma no profesional algún instrumento musical y para que visiten los lugares históricos más importantes del país. "Daremos a muchos más niños la oportunidad de aprender a actuar, a cantar en coros o individualmente, o a hacer cine, e intentaremos que los que demuestren aptitudes especiales puedan tener la posibilidad de desarrollarlas más", aseguraron sus promotores.

La cultura, dicen los responsables de la infancia y la escuela inglesas, enriquecerá sus vidas y les dará la oportunidad de desarrollar un espíritu crítico como espectadores y participantes en la vida cultural del país.

La idea es que las autoridades locales, de las que depende la mayoría de esas escuelas, preparen sus propios programas y soliciten la financiación oportuna. Sin duda, como han anunciado rápidamente los responsables de la Asociación Nacional de Directores de Escuelas, se van a producir muchos problemas prácticos. Algunos profesores, explicó uno de esos responsables, creen que sería mejor dedicar un día a leer poesía, escuchar música o tener "experiencias culturales", antes que organizar todo este movimiento con miles de niños; pero parece que el plan se pondrá en marcha, por encima de unos y de otros, y que las cinco horas de "alta cultura" a la semana son innegociables.

Lo que muestran los ingleses detrás de este curioso plan es que entre ellos no tiene éxito la idea de la cultura como tradición, tan querida por estos pagos españoles en general y autonómicos en particular, sino que triunfa el concepto de cultura como lo opuesto a la ignoracia. En el Plan para la Infancia nadie se ha empeñado en que los niños (que como son ingleses proceden de las más variadas familias locales e inmigrantes) aprendan la tradición inglesa (ni la galesa, ni la escocesa). No, ellos quieren que los niños tengan acceso a la cultura sin más. No sufren la aburridísima confusión que padecemos nosotros entre cultura y tradición, y muy probablemente están dispuestos también a admitir que merece la pena ampliar el canon cultural occidental. Seguro que los niños podrán ir, dentro de esas actividades culturales, a ver una selecta representación del Ramayana que les permita conocer la hermosa historia del niño Muni, o que podrán acudir a un espectáculo de baile flamenco si acaso visita su ciudad el Ballet Español. Seguro que la alta cultura incluye disfrutar de la música de Salif Keita y no sólo de la de Henry Purcell, por muy inglés que fuera.

La novedad de la propuesta inglesa no es que parta de la idea de que la cultura es buena para la educación de los niños. No, eso seguro que figura, por ejemplo, en los programas electorales de todos los partidos políticos que se presentan en España a las elecciones del próximo 9 de marzo. No, la novedad es que esa declaración sobre la bondad de la cultura, a la que nosotros somos tan aficionados, se acompaña con una medida concreta, medible y presupuestable: cinco horas a la semana. Cinco, probablemente las mismas que se dedican al estudio de una asignatura concreta. La novedad es que nadie pretende integrar a los niños de procedencia inmigrante obligándoles a respetar las tradiciones inglesas, sino animándoles a compartir el gusto por el espíritu crítico, la belleza o el conocimiento, y asegurándoles que la cultura es un concepto ligado a la ilustración y no al romanticismo.

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