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El monstruo despierta

Hay ocasiones en las que la economía deja de ser algo aburrido e incluso llega a provocar emociones fuertes. Tales han sido los acontecimientos vividos esta semana, con caídas abismales de las bolsas seguidas de recuperaciones también excepcionales. De pronto parece que el monstruo originado por la crisis de las subprime, que hasta ahora parecía, si no inofensivo, al menos adormecido, se haya despertado, amenazando con devorar mercados, beneficios, empleos, cargos públicos... En EE UU se ha declarado la guerra, y ya se sabe cómo se las gastan por allí, bombarderos soltando artefactos de muchos puntos básicos y miles de infantes (los temibles inspectores fiscales vestidos de Papá Noel) repartiendo cheques descontables por bienes de consumo en cualquier hipermercado. Son gente de acción. Aquí en Europa, sin embargo, los generales aún discuten si son galgos o podencos lo que se ven en lontananza, y desde luego, nada de monstruos devoradores.

La inflación ciertamente es un peligro, pero ahora no es el peligro

¿Cuestión de estilo o de eficacia? Seguro, pero también hay que decir que la situación a un lado y otro del Atlántico no es la misma y eso explica la distinta respuesta del BCE respecto a la Fed. Tienen razón las autoridades cuando dicen que la economía europea está más saneada que la americana y la coyuntura es más sólida. Analizando los datos recientes, lo que parece el inicio de una recesión en EE UU en Europa es una suave desaceleración. De momento, pues, no hay que olvidar aquello de que cuando América estornuda... La novedad, positiva, respecto a otras situaciones históricas similares es que ahora hay otros actores importantes en la escena económica mundial con los que Europa cada vez tiene más relaciones, que pueden suplir, al menos parcialmente, la caída de la demanda norteamericana. También hay otra novedad: en general, tanto el sector público como el privado están más saneados en Europa y pueden generar demanda interna propia que también supla el debilitamiento de las exportaciones a EE UU. Es decir, Europa tiene armas para combatir el contagio americano, fundamentalmente la expansión de su demanda interna. En esa línea, sin prisas, pero sin pausas, nuestras autoridades deberían plantearse un relajamiento monetario (la inflación ciertamente es un peligro, pero ahora no es el peligro), y en ciertos países, una expansión del gasto público, eso sí, como advirtió Ben Bernanke, el presidente de la Fed, de carácter temporal para que no dañe la situación estructural de las finanzas públicas. ¿Que esto es keynesianismo puro? No lo sé, yo diría que es sentido común puro.

En el caso español habría que introducir bastantes matices a lo dicho para Europa en su conjunto. La situación financiera de los hogares y las empresas no es ni mucho menos desahogada como en el resto de Europa y la desaceleración del crecimiento empieza a no ser tan suave. Ahí tenemos los datos de la EPA del cuarto trimestre, que muestran una moderación en el ritmo de creación de empleo superior a la prevista y un aumento del paro importante (ver gráficos adjuntos). Como era de esperar, el sector de la construcción lleva dos trimestres (corregidos los datos de factores estacionales) destruyendo empleo. Ahí es donde deberían encaminar los dirigentes políticos su atención, y además tienen armas muy eficaces a corto plazo: un aumento del gasto en infraestructuras y medidas para absorber rápidamente el enorme stock de viviendas sin vender. Las rebajas de impuestos, mejor las dejamos para otros tiempos.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 26 de enero de 2008.