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Crítica:LIBROS | Ensayo

Imperio de Rusia, no ruso

¿Qué razones puede haber para publicar una historia contemporánea de Rusia después de Ulam, Conquest, Malia, Carr, Kennan, Carrère d'Encausse, Service, Medvedev, Volkogonov?; y también Pilar Bonet, la corresponsal de este periódico en Moscú, a la que el autor cita con respeto. Entonces, si Jean Meyer, francés amexicanado con nociones de historia de España, no ha hecho una investigación independiente, no ha habido apertura reciente de archivos surtidos de material inédito, ni puede aspirar, por tanto, a contarnos lo que no sabíamos, ni a proponer ninguna teoría novísima sobre el golpe de octubre o el Gran Terror de Stalin, ¿cómo se justifica Rusia y sus imperios 1894-2005?

El autor es agudo, inteligente y preparado; está claro que conoce Rusia de primera mano, así como ese Imperio de Rusia en lugar de ruso; que mantiene una alerta constante a través de la prensa, en estos tiempos de internet, sobre todo lo que sucede en el país euroasiático; y que, metodológicamente, sabe muy bien lo que se hace.

Rusia y sus imperios (1894-2005)

Jean Meyer

Tusquets. Barcelona, 2007

597 páginas. 25 euros

Meyer elige su terreno de juego; se mueve temáticamente desde el siglo XIX con las primeras tentativas reformistas de los dos zares Alejandro hasta la actualidad, saltando de pico en pico por una cordillera de momentos o periodos significativos. Y, al mismo tiempo, se aproxima bastante a una historia total a ratos, en la que se mueve, básicamente, en tres niveles. El primero es el de su apreciación personal de las cosas, la reflexión que le sugiere el acontecimiento, aunque, por ejemplo, en las jornadas de octubre la deuda con el norteamericano Martin Malia sea notable; a continuación, hay como una inmersión en busca de segundas opiniones, el punto de vista de los expertos, donde, si en el primer nivel regatea algo la cita, aquí la usa con profusión; y finalmente, una segunda zambullida en lo que podríamos llamar la sociedad y por poco casi hasta los ecos de sociedad. Es en este tramo de la obra donde hay un relente de historia de las mentalidades, con enorme y apropiado recurso a la literatura de la época, a la novela del momento, y, en general, a lo que podríamos calificar de materia prima anecdótico-simbólica; así va del Don apacible al Archipiélago Gulag; de Dostoievski a Pasternak, con facilidad para la trouvaille verbal -"plan quinquenal de la poesía"- y, en definitiva, para vender un vino conocido en odres bastante bien recosidos.

Las apreciaciones del autor, despojadas de toda la carpintería literaria e histórica, acaban por constituir un competente estado de la cuestión, que en nada desmiente ni corrige el saber recibido: Lenin conduce casi inexorablemente a Stalin; Ulianov vio a su alrededor el vacío de octubre y se atrevió a llenarlo; el terror estalinista tenía mucho de purga de la memoria; Gorbachov destruyó aquello mismo que quería salvar; Yeltsin era algo más que un alcohólico oportunista; y sobre Putin, reserva fundamental a falta de datos. Todo se ha dicho antes, aunque la caída de Lenin de los altares sea relativamente reciente, pero Meyer sabe reconstruir todo ello en una lengua que no sabemos si es traducción u original, porque el libro no ha sido publicado previamente en francés, que resulta valiosa. La obra tiene magníficas condiciones de lectura y, en términos generales, habría que concluir que el historiador ha sacado adelante con vigor y claridad una faena que a priori podía parecer ingente. Y, además, se entiende todo, lo que no es poco.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de enero de 2008

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