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Fraga exige centrismo y unidad en el PP

Rajoy reclama a su equipo que no se "distraiga" y deje de "ocuparse de lo suyo" - El líder del PP está convencido de que le votarán "las clases humildes"

Es muy difícil pedirle a alguien de 85 años que no diga lo que piensa. Si además se llama Manuel Fraga, es imposible. El presidente fundador del PP irrumpió ayer en la reunión de la máxima dirección de su partido, la junta directiva nacional -a la que no acudió su pupilo, Alberto Ruiz-Gallardón- para ofrecer un recital de esos que incluso los más veteranos habían olvidado.

Habló de todo, pero sobre todo de su partido, del que creó y el que ahora sufre la mayor crisis interna desde la derrota electoral de 2004. Primero lanzó un mensaje político que ya había repetido en entrevistas en los últimos días. Fraga reclamó a los suyos que se mantengan "en el centro reformista" -"algunos se empeñan en tirar de él hacia la derecha", había dicho el sábado en Abc-. Lo hizo pocos minutos después de que Esperanza Aguirre se quejara en público de que los socialistas "quieren dividir al PP entre centristas y la carcundia, a la que me honro en pertenecer, según ellos".

Pero además del mensaje sobre la línea política que él prefiere en este momento, Fraga habló como lo que es: el fundador del partido. Dijo que el PP es "una familia", y por eso pidió a todos unidad en torno a Mariano Rajoy. Después del durísimo choque entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, el padre político de la derecha española trató de calmar a los suyos -"Lo superaremos todo"- pero sobre todo exigirles responsabilidad. "Tenemos la obligación de no crear dificultades". "No son días para confrontaciones", señaló, sino para estar unidos.

Apoyo al pupilo

En la batalla, Fraga ha tomado partido por su pupilo, Ruiz-Gallardón, hasta el punto de que ayer, poco antes de la reunión de la junta directiva, acudió a un acto de Aguirre, y al ser preguntado en los pasillos por el motivo de su presencia fue tajante: "Estoy con Gallardón y he venido a explicárselo a Esperanza Aguirre y a decirle que no puede haber debate por eso".

El veterano dirigente, ex ministro de Franco y ex presidente de la Xunta de Galicia, está tratando de convencer a Gallardón para que no abandone la política. El jueves, después de reunirse con él en el Senado, aseguró que el alcalde le ha dado "su palabra de honor" de que no la dejará.

Ayer, varios miembros de la dirección consultados creyeron entender que se refería a eso cuando dijo que "todos tienen que estar dentro, dentro, y solamente dentro" del PP. Casi ningún dirigente cree que el alcalde esté realmente dispuesto a dejar su puesto después del 9-M.

Cuando terminó Fraga, subió al estrado Mariano Rajoy -el líder al que Fraga acusó el viernes de resolver el choque entre Aguirre y Gallardón "un poco tarde"- y se sumó al discurso de don Manuel, que también había sido muy crítico con el modelo de país que plantea el PSOE.

Rajoy, gallego como Fraga aunque muy distanciado del patriarca desde que decidió dejar la Xunta por diferencias con él -hace 25 años- y volver al registro de la propiedad de Santa Pola, de donde saldría para saltar a la política nacional, agradeció a Fraga su "muy oportuna" intervención, sobre todo en el análisis de la situación española. Rajoy aseguró que Fraga "ha visto muchas cosas; siempre se ha fijado en lo esencial y no ha tenido ningún interés más allá de que las cosas vayan bien". El líder del PP insistió en rendir pleitesía al patriarca: "Cuenta con el cariño, respeto y el agradecimiento del partido. Y debe saber que le vamos a dar una alegría el 9 de marzo, cuando ganemos las elecciones y lo podamos festejar".

La intervención de Rajoy también estuvo repleta de referencias indirectas a la crisis sufrida por el PP. Empezó con ironía -"Ha sido una legislatura con emociones fuertes, de todo tipo"- pero enseguida cambió el tono para tratar de dar un puñetazo en la mesa, el mismo que, según coinciden la mayoría de los consultados, debería haber dado hace meses para zanjar la polémica Aguirre-Gallardón.

"Pido que nadie se distraiga del objetivo de ganar las elecciones". Ahí recordó una conocida anécdota del fallecido escritor Francisco Umbral, que se enfrentó con una periodista en televisión porque él quería hablar de su libro. "Este partido tiene que hablar de su libro, no del libro de otros. De España, de los ciudadanos libres e iguales, de los precios, de la inseguridad", añadió el presidente del partido que ha adelantado al día de hoy varios comités provinciales para que elaboren de una vez las listas, que ratificar el miércoles el Comité Electoral Nacional.

Rajoy mostró claramente el enfado que tiene tanto con Gallardón como con Aguirre por haberle distraído de sus planes y haber puesto en dificultades su liderazgo. El líder del PP, que insiste en asegurar en privado que lo de las listas sólo interesa a muy pocos, lo dejó claro en público. Dijo que en vez de concentrarse en algo que interesa "a 500 o 1.000 personas, los listos", el PP tiene que lanzar mensajes hacia la gente "normal", que es la que le va a hacer ganar las elecciones. "Aquí todo el mundo se ocupa de lo suyo. No se trata de darle gusto al cuerpo. Hay que ocuparse de la gente más humilde, de los que se levantan temprano todos los días", concluyó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de enero de 2008