Crítica:Las películas de la semanaCrítica
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Matemática brillante y fría

Genética o vocacionalmente, el cine que se había inventado hasta ahora ese director tan imaginativo como personal llamado Álex de la Iglesia llevaba su sello. Los espectadores, incondicionales en muchos y lógicos casos, intermitentes o casuales en otros, sabían con lo que se iban a encontrar, independientemente del género que abordara.

A saber: exhuberante imaginería visual, un sentido del humor desaforado, indisimulado y pertinaz amor al esperpento, la sensación de que el horror y la risa son más fraternales que incompatibles, conocimiento y afición a personajes y situaciones que desprenden aroma "freak", la evidencia de que no es un director tentado a aceptar y resolver encargos (lo que no es peyorativo y ha logrado muchas obras maestras firmadas por esa categoría superior que es la autentica profesionalidad), sino que siempre ha hecho las películas que tenía en la cabeza, sin aceptar excesivas sugerencias o imposiciones del productor.

LOS CRÍMENES DE OXFORD

Director: Álex de la Iglesia.

Intérpretes: Elijah Wood, John Hurt, Leonor Watling, Julie Cox.

Género: thriller. España / Reino Unido, 2007.

Duración: 110 minutos.

Admitiendo que la personalidad y las obsesiones de este hombre son reconocibles en toda su obra, creo que a veces sus ambiciosos barcos han llegado maltrechos al puerto y que el resultado final ha sido tan original como deslumbrante, con talento y gracia en el caso de las memorables El día de la bestia y La comunidad.

Esa indesmayable autoría, lo que los críticos denominamos con fatigoso enfásis como "universo intransferible", no es perceptible en Los crímenes de Oxford, una intriga atractiva y rara, cerebral y aromática, densa y sofisticada, construida con imágenes potentes y diálogos trabajados, sin una pizca de humor ni concesiones al jugueteo, más pendiente del intelecto que de las emociones, una película que exige esfuerzo y concentración al receptor, que mezcla audazmente el incontestable rigor de las matématicas y los brillantes hallazgos filosóficos de Wittgenstein con el enigma y la resolución de asesinatos retorcidos, anticonvencionales, concebidos como obra de arte.

La veo y la escucho a ratos con sensación de hipnosis, en otros me pierdo, creo que se me escapan cosas (porque soy simple y vago o porque no hay claridad narrativa) y que sería apetecible una segunda visión, posee clima, me fascina ese desenlace en el museo de las falsificaciones históricas, me seduce el turbio John Hurt. Esta inteligente película me intriga, pero no me enamora. Nunca intuiría que su autor es Álex de la Iglesia. Lo cual es bueno y es malo.

Una anciana aparece asesinada en el salón de su casa a las afueras de Oxford. Su cuerpo es descubierto por dos hombres que en ese momento se encuentran por primera vez: Arthur Seldom, prestigioso profesor de Lógica, y Martin, un joven estudiante americano recién llegado a la universidad con la intención de que el famoso profesor dirija su tesis doctoral. ELPAIS.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 17 de enero de 2008.

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