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Un patio sin licencia causó el derrumbe en el Sagrado Corazón

Urbanismo alega que el documento se actualizó con datos posteriores

El peso de la cancha de baloncesto que el colegio Sagrado Corazón construyó sin licencia en su azotea contribuyó al derrumbe del edificio. Así lo señala un informe municipal al que ha tenido acceso EL PAÍS y cuyo contenido el Ayuntamiento no mencionó cuando hizo público el supuesto informe "definitivo".

Tras el derrumbe del techo del salón de actos del colegio el 25 de diciembre, el Ayuntamiento y el centro corrieron a señalar como causante del colapso un fallo en la ejecución de uno de los apoyos de las vigas que sostenían la cubierta. O sea, culpa del arquitecto que diseñó el edificio en 1982, o de quien lo ejecutó. El día 26, Urbanismo hizo un informe para esclarecer las causas del suceso. El informe fue difundido en la rueda de prensa de la junta de gobierno y que fue colgado también en la página web del colegio. Pero se omitió una parte importante del contenido.En la versión completa del informe, a la que ha tenido acceso este periódico, además de señalar como problema original el fallo en la ejecución de las vigas, se añade que "el incremento de cargas que supuso la creación de las pistas deportivas contribuyó al colapso". El informe, además, dice: "Este indudable incremento de esfuerzos provocaría, sobre la línea teórica de rotura del hormigón del soporte a cortante, una tensión adicional de aproximadamente 15-17 kilos por centímetro cuadrado, tensión suficiente para fracturar el hormigón, como se estima ha ocurrido".

Es decir, no hay duda de que había fallos en la ejecución del diseño original. Que la estructura estaba justa de resistencia para el peso que soportaba. Pero en casi 30 años no había pasado nada. El informe viene a señalar que lo que provocó que el derrumbe se produjese en un momento determinado fue el sobrepeso de la cancha de baloncesto que el colegio construyó ilegalmente en la cubierta del edificio. Una obra para la que no se pidió la licencia, que duró varios meses y que se produjo a 10 metros de las ventanas de la Gerencia de Urbanismo.

Un portavoz de la Concejalía de Urbanismo alegó ayer que no se ocultó información en el documento que se distribuyó a la prensa y al Sagrado Corazón, sino que posteriormente se actualizó ese documento con los datos que ahora se han conocido. Sin embargo, ambos informes están fechados el mismo día y tienen el mismo número de expediente.

La cancha de baloncesto que el Sagrado Corazón, a través de la constructora Aedificat, realizó en la azotea del edificio servía de sustituto al patio del colegio que se eliminó para construir un aparcamiento subterráneo, que explotaría la constructora, lo realizó dicha empresa a cambio de un polideportivo cubierto para el centro escolar.

La decana del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), Paloma Sobrini, se pronunció ayer sobre el verdadero contenido del documento. "El informe habla de una acumulación de causas, y eso es lo que hay que tener claro que ha sido. Y que sirva de aviso a todo el mundo, porque estas cosas pasan". Además, Sobrini insistió en que "ahora es un juez quien tiene que dirimir la responsabilidad. Cualquier declaración que se haga tiene que estar apoyada en los técnicos competentes. Es fundamental que haya un informe técnico completo antes de que los niños vuelvan a clase".

Hasta ahora, la responsabilidad del suceso recaía casi exclusivamente en Francisco Pérez Arbues, el arquitecto que diseñó el edificio en 1981. Como han pasado más de 20 años desde su construcción, estaba exento de responsabilidad penal. Ahora, el arquitecto que realizó la reforma de la cubierta y el colegio también tendrá que dar explicaciones.

Los padres que han conocido el contenido real del informe están indignados. "Se nos ha ocultado información de una forma lamentable. Se ha hecho una obra ilegal que ha puesto en riesgo la integridad de nuestros hijos", denunció ayer el progenitor de uno de los alumnos del colegio. La dirección del centro se reúne hoy con ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de enero de 2008