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Muere una indigente que dormía en unos soportales junto a Atocha

La mujer, de 41 años, llevaba meses sin contactar con su familia

"Yo creo que esta noche me voy". Pedro fuma un cigarro y apura una copa de coñac mientras recuerda las últimas palabras que escuchó en la madrugada de ayer por boca de María Dolores A. C., de 41 años e indigente como él. Juntos habían compartido un cartón de vino. "Eran las cuatro de la mañana o así", continúa. Después, ambos se fueron a dormir a los soportales del número 34 de la calle de Rafael de Riego, a pocos metros de la estación de Atocha. Ella en un colchón tirado en el suelo. Él, en su saco de dormir.

María Dolores ya no despertó. Uno de sus dos acompañantes habituales, de nacionalidad rumana, la intentó despertar por la mañana, pero fue imposible. "Abrí los ojos cuando la policía ya estaba aquí y vi que sobre el colchón en el que dormía Dolores había un cuerpo tapado. Pensé en lo que me dijo horas antes. Ya sabía lo que le iba a pasar", rememora Pedro junto a la barra de un bar cercano.

Un portavoz de Emergencias Madrid confirmó ayer que se trata de una muerte natural, ya que el cuerpo no presentaba signos externos de violencia. Además, descartó que fuera el frío la causa de la muerte.

"No fue el frío, no hacía tanto frío. Ella no estaba bien y además fumaba chinos de heroína y bebía. Se iba con esos rumanos", continúa el compañero de María Dolores en su última noche en la calle, quien recuerda a la mujer como "una persona que iba a lo suyo y no se metía con nadie, una más". Los padres de la fallecida acudieron en la mañana de ayer a la calle de Rafael de Riego, donde fueron atendidos por los psicólogos del Samur. Reconocieron que llevaban meses sin saber nada de su hija, aunque no quisieron dar más detalles acerca de su vida.

"Me contó que llevaba tres años en la calle. Esta calle era su casa y cuando hacía frío y podía llover se refugiaba con los demás en los soportales", explica Pedro. Él lleva desde junio viviendo aquí y allá. "Lo mío fue por el alcohol. No sé por qué Dolores estaba en la calle, pero decía que no quería volver a casa de sus padres", añade.

En la noche de ayer, más de una decena de personas durmieron como Pedro y María Dolores en los soportales de Rafael de Riego. Lo hacían habitualmente desde que llegó el invierno, según reconocieron los vecinos del barrio. "Están aquí todo el día. Aquí se pinchan, fuman chinos de heroína y beben", señaló Juan Carlos González, el presidente de la comunidad de vecinos del bloque ubicado en el número 34 de Rafael de Riego.

El cadáver de María Dolores permaneció en el colchón en el que dormía cada noche hasta casi la una y media de la tarde de ayer, cuando fue retirado por los servicios funerarios. Allí, sobre el colchón, se quedaron sus pertenencias, las que siempre iban con ella: varias bolsas, cartones y una manta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de diciembre de 2007