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Hallados en su casa de Girona los cadáveres de una mujer y sus hijas de cuatro y nueve años

La policía cree que la madre mató a las niñas y luego se quitó la vida

Caldes de Malavella

Se llamaban Wanda y Alicia, tenían cuatro y nueve años y hacía pocos meses que habían perdido a su padre en un accidente de tráfico. La madre, Esperanza Cortés, de 42 años, no había superado la muerte de su marido y en vísperas de Nochebuena no resistió la soledad y tomó una decisión fatal. Todo apunta que mató a sus hijas y después se quitó la vida en su casa, un chalé ubicado en la calle Vidreres número 3 de la lujosa urbanización Tourist Club de Caldes de Malavella (Girona), según la investigación que llevan a cabo los Mossos d'Esquadra.

Esperanza estaba echada en la cama, aún con vida, pero semiinconsciente

El marido murió el pasado verano en un accidente de tráfico

La tragedia se descubrió el sábado por la noche, cuando la hermana de Esperanza, que reside en Reus (Tarragona), se trasladó a Caldes alertada por los vecinos de la urbanización, que hacía dos días que no veían a la familia. La casa tenía las persianas bajadas y las luces exteriores encendidas. La hermana intentó sin éxito que le abrieran la puerta. Tampoco contestó nadie al teléfono móvil ni al fijo. Temiéndose lo peor, llamaron a la policía. Cuando los agentes lograron acceder a la casa se encontraron a las dos pequeñas, sin vida, cada una en la cama de su habitación, sin aparentes signos de violencia. La madre estaba en su cuarto, echada en el lecho y aún con vida, pero en estado semiinconsciente. Los servicios de urgencia intentaron reanimarla pero ya era demasiado tarde y falleció a las pocas horas en el hospital.

La principal hipótesis con la que trabaja la policía autonómica es que la madre acabara con la vida de las niñas y después se suicidara. No obstante, habrá que esperar los resultados de la autopsia para determinar las causas exactas de las tres muertes, que se podrían haber producido por la ingesta masiva de barbitúricos o sustancias similares.

Los vecinos de Esperanza estaban ayer consternados. Tanto la mujer como sus dos hijas eran muy conocidas en el pueblo, donde las pequeñas estaban escolarizadas, y también en la localidad cercana de Santa Coloma de Farners, donde Esperanza trabajaba en una guardería.

Pese a que recientemente le habían hecho un contrato fijo en el centro escolar, los vecinos aseguran que pasaba por horas bajas después del accidente de tráfico que acabó con la vida de su marido el pasado verano en la población de Bescanó (Girona). "Fue un golpe muy duro para una mujer joven y con dos niñas por criar", explicó un vecino de la urbanización. Otros conocidos la veían más animada: "Incluso había ido a hacer las compras navideñas y había dejado a las niñas con una vecina", aseguró Josep Armengol, otro vecino de la zona.

El jueves fue un día complicado. Esperanza se encontró mal, sufrió una caída y los vecinos de la casa de al lado la acompañaron hasta un centro sanitario para que la atendieran. "Todo se le venía encima, estaba como en un pozo y no veía la salida", explicaron. Después de sufrir este achaque, la tragedia se precipitó.

El alcalde de Caldes de Malavella, Joan Colomer, ordenó ayer al mediodía la celebración de un pleno extraordinario y decretó tres días de luto oficial y que la bandera del ayuntamiento ondee a media asta. El caso está bajo secreto de sumario por orden judicial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de diciembre de 2007