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Reportaje:talentos

Andrógino, industrial, frío y pragmático

El diseñador búlgaro Petar Petrov salta al éxito internacional

Había un chiste del cómico Eugenio en el que un personaje de los suyos, inocentes y resacosos, leía un artículo en el diario en el que ponía "mujer enseña búlgaro". "Llamé", contaba, "¡y era un idioma!". Más allá de futbolistas, políticos sátrapas, zares, algún literato y, sobre todo, atletas femeninas de robusta complexión, la exportación de grandes nombres búlgaros es más bien limitada. ¿Diseñadores de moda búlgaros? No, por favor, el chiste ya lo hemos contado.

Su estilo está basado en el contraste, en el cruce de culturas

Bien, pues hace cinco años irrumpió en el panorama de la moda internacional Petar Petrov (Sofía, 1977). Hijo de costurera, el diseñador se graduó en la escuela de Artes Aplicadas de Viena, donde fijó su centro de operaciones. Tras iniciarse como estilista para campañas publicitarias y vídeos musicales, pronto se lanzó al diseño de vestuario para diferentes representaciones artísticas, hasta caer en manos de la firma Wendy and Jim, donde comenzó a forjarse un nombre en la escena centroeuropea. Se independizó, creó su propia línea de ropa masculina, desfiló en París, se abrió a la moda femenina y hoy es uno de los talentos de la Europa del Este más celebrados. El estilo de Petrov está basado en el contraste, en el cruce de alta y baja cultura sin más mensaje que el estético. Elementos fetichistas y posindustriales que combinan con materiales como el plástico y el vinilo, otorgan un aire de sexo en el congelador a una línea creativa perfectamente coherente con los preceptos severos de escuela austriaca.

Sus siluetas poseen un aire andrógino, casi de etiqueta unisex. Industrial, frío y pragmático, pero jamás escéptico, Petrov logra convertir los referentes de la cultura juvenil en seria idiosincrasia. Una canción pop con el trasfondo de una ópera. "Me gusta jugar con los elementos de la espontaneidad de los viejos movimientos juveniles y mezclar esa inocencia con elementos más serios, casi autoritarios, que le otorgan así al traje un plus de seguridad", comenta el creador. "Tiene algo que ver con la necesidad que tenemos los creadores de los países del Este de destacar pronto cuando llegamos a Occidente. Demostrar que no eres como los demás".

Además, Petrov recuerda que desde un principio, debió luchar contra el elemento folclórico que en algunos círculos se esperaba de un creador con un pasaporte diferente. "Mis raíces se reflejan en mi personalidad, pero no tienen por qué ser algo obvio en mis creaciones. Teniendo en cuenta cómo están las cosas en Bulgaria en la actualidad, la mejor manera de reflejar los códigos de indumentaria de mi país sería diseñar prendas con grandes logos. Una pena, pues antes fuimos un país con buena sastrería y vivimos obsesionados con las marcas".

Cómodamente instalado en el calendario de la semana de la moda parisina y con su firma One of some vendiendo en lugares como Japón o Tokio, el diseñador espera este año ampliar su radio de acción. "Mi idea es vender mejor en Europa y poco más tengo en mente, la verdad. Jamás pensé que llegaría a ser diseñador de moda, eso no se piensa si vives en Bulgaria. Simplemente, me atrajo la idea, estudié, probé y, paso a paso, llegué hasta aquí", apunta desnudando de mística un viaje creativo plagado de premios. "Ha habido algunos problemas, es verdad, pero los problemas están ahí para que los soluciones, ¿no?".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de diciembre de 2007