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Reportaje:

Los cazadores caen en la trampa

Ecologistas revientan un campeonato en Escairón y salvan varios raposos

El boicot a punto estuvo de ser boicoteado. Los ecologistas llegaron a las 10 de la mañana a Escairón, se echaron al monte escarchado y tardaron dos horas en dar con el primer todoterreno con remolque, señal inequívoca de la presencia de unas escopetas a las que cada vez les da más pereza caminar. Casi tiran la toalla. Los defensores de los animales llevaban una semana anunciando que ayer iban a estar en el municipio de O Saviñao para reventar el campeonato de caza de zorro, y llegaron a pensar que habían espantado a todos los participantes. Pero no. Al cabo, bien emboscados desde el amanecer en las 19.300 hectáreas de tecor, aparecieron. No los 200 esperados, pero sí unos 60. Y fue tal la alegría de los ecologistas al toparse con el primer grupo de cuatro que todos a una se arrancaron con la Rianxeira.

"Los paletos de ciudad vienen al campo con fusiles a destrozarlo todo"

Al oír la 'Rianxeira', el zorro reaccionó y escapó de los canes echándose al río

"Ondiñas veñen, ondiñas veñen, ondiñas veñen e vaaan". Los cazadores, ocultos tras un matorral, arrimados a una granja, habían mandado los canes por delante y ya tenían prácticamente acorralado al pobre raposo. Si el zorro trepaba ladera arriba por el prado, sería presa segura. Y en ello estaba, seguido de los sabuesos, cuando los verdes empezaron a montar bulla. El animal despertó como de un sueño, como si de repente viese la escena desde el cielo, y en vez de continuar subiendo decidió seguir el cauce del río. Eso lo salvó. La maleza lo engulló enseguida y del raposo ya nunca más se supo.

Al final de la jornada cinegética, los cazadores consiguieron abatir tres zorros, una cifra ridícula que, según el portavoz de Matar por matar, non, Xulio Fernández, demuestra lo que la plataforma viene defendiendo desde que boicoteó el gran campeonato gallego de febrero en O Carballiño: que el raposo está cerca de convertirse en una especie en extinción. Que "si no hay conejos ni perdices tampoco puede haber zorros porque no tienen qué comer". Y que "la Federación Galega de Caza y los propietarios de algunos tecores [terrenos cinexéticamente ordenados] inflan los números hasta 16 veces".

Los cálculos que han facilitado a la Xunta y que Medio Ambiente "da por buenos sin que sus biólogos comprueben si son ciertos", hablan de 8 raposos por kilómetro cuadrado, mientras que los 12 grupos ecologistas que apoyan las acciones de Matar por matar, non aseguran que los estudios demográficos de la UE cifran en 0,5 (es decir, medio zorro) los ejemplares que se encuentran por kilómetro cuadrado de monte.

En su web, la federación anuncia para esta temporada, de momento, una docena de campeonatos y ligas populares de caza de raposo en las cuatro provincias. Se celebran, según los ecologistas, siempre en tecores, con el beneplácito de los propietarios, que previamente negocian con una empresa, Gestega Monforte S.L., especializada en la organización de eventos cinegéticos y en la explotación de la caza en montes comunales.

Matar por matar, non, que en un año de existencia ha conseguido el respaldo de colectivos de toda España, denuncia que estas competiciones vulneran la ley autonómica no sólo porque están esquilmando la población de zorros "en terrenos que no tienen la calificación de cinegético-deportivos", sino porque "tras una epidemia de incendios y en épocas de sequía hay que suspender la caza". En opinión de los protectores de la fauna, si la federación bautiza como campeonatos lo que "en realidad son batidas", es para justificar las ayudas. Porque desde tiempos del PP, y también ahora, "recibe sustanciosas subvenciones de la Dirección Xeral de Deportes".

"Cuando acaben con los zorros, como ya no les quedará nada, organizarán el campeonato de caza de cuervo", protesta Fernández, que ayer a las cinco de la tarde conseguía sentarse a comer después de la intensa jornada de lucha. "Ahora todo el país se ha enterado de que cazar raposo en Galicia es baratísimo y ya nadie va a Zamora, como antes, donde los propietarios de las fincas cobran 400 euros diarios por barba". "Y lo peor de todo es que ya no cazan con escopeta, como está mandado: los paletos de ciudad vienen al campo armados con fusiles a destrozarlo todo, sin pensar que el resto del año nosotros nos preocupamos por limpiar el monte y por alimentar a los animales".

Una escopeta alcanza 200 metros. Un fusil, tres kilómetros. "Y cuando no encuentran bicho al que disparar, descargan su mala sangre contra los cables de la luz o contra los gatos sin bajarse del coche". Ayer, no obstante, no hubo nada de eso. A los cánticos ("Máis biblioteca e menos escopeta", "Paxariño pío pío; cazador pum pum") y los disparos siguieron dos banquetes de confraternidad. "¿Vamos todos juntos?", le preguntó un ecologista a un cazador. Y la respuesta, un corte de mangas, le sentó como un tiro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de diciembre de 2007