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Entrevista:JOSÉ MARÍA AVILÉS | Psicólogo

"Una respuesta punitiva al acoso escolar es por sí sola insuficiente"

El psicólogo José María Avilés (Toledo, 1959), investigador de la Universidad de Valladolid y orientador escolar, participó recientemente en San Sebastián en el quinto congreso nacional de la Asociación Española para la Investigación y el Desarrollo de la Terapia Familiar, donde habló del acoso escolar.

Pregunta. ¿Han aumentado los casos de acoso escolar en los últimos años o es que ahora salen más a la luz?

Respuesta. Los estudios revelan que nos movemos en una horquilla parecida. Entre el 3% y el 6% de los escolares reconoce estar implicado en casos de maltrato como víctimas o agresores. No ha habido un aumento significativo, pero sí hay más sensibilidad sobre el tema.

P. ¿La situación resulta alarmante?

"Tenemos que implicar al agresor en la restitución de la víctima"

"Las nuevas tecnologías apuntan un plus de perversión"

R. Antes no había tiempo, posibilidad o voluntad para abordar el bullying, pero en estos momentos es un tema educativamente importante. Preocuparse y ocuparse de él es un indicador de calidad, y es que va en contra de lo más íntimo de la propia educación, que es la dignidad de las personas.

P. ¿Por qué un niño se convierte en agresor?

R. No hay una sola causa y cada caso es particular. Podemos hablar de factores familiares, que tienen que ver con las pautas de interacción que los chicos aprenden en edades tempranas con sus padres, con la cantidad de cariño que reciben, perciben o dan. También influye el aprendizaje de límites.

P. ¿A qué se refiere?

R. A si existen límites o no para las situaciones de violencia en el contexto en el que vive el niño; a si las presencia o no, está acostumbrado a ellas, las ve naturales. Son importantes los métodos para afirmar la autoridad que ponen en marcha los padres. Si los padres pegan, si ejercen la violencia, los niños aprenden que esa es la manera en la que tienen que comportarse. Todos estos factores tienen que ver mucho con aprendizajes que luego se trasladan a otros contextos interrelacionales, como es el de iguales.

P. ¿Se dan factores que no tienen que ver con la familia?

R. Lógicamente, hay también factores individuales, variables biológicas y temperamentales y factores de tipo social. Tenemos que mirar mucho el contexto en el que vivimos, que nos habla de que no son los adolescentes los que inventan las pautas de interacción. Años atrás, cuando se valoraba a los personajes de éxito en el ámbito económico, se les llamaba ejecutivos agresivos.

P. ¿Cómo cree que hay que abordar el bullying?

R. Las medidas tienen que ser integrales e integradoras. Deben incorporar en la solución al máximo perfil de personajes y tener en cuenta que no es un fenómeno estrictamente escolar, sino que se da también fuera del centro.

P. ¿Los alumnos testigos de la agresión son fundamentales en la búsqueda de soluciones?

R. Quienes contemplan la situación y no hacen nada son los primeros que pueden hacer variar la situación. Cuantos más aliados tengamos entre ellos, mejor. Estaremos introduciendo soluciones salidas de los propios iguales, que, en vez de apoyar a los agresores, ayudan a las víctimas.

P. El trato a los agresores suele ser un punto conflictivo. ¿Por qué vía apuesta?

R. Tienen que ser parte de la solución. Una respuesta punitiva por sí sola no es suficiente. Las conductas no sólo se hacen variar a través del castigo. Tenemos que implicar al agresor en la restitución de la víctima y darle una salida digna. Y eso se hace en un contexto educativo.

P. ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías?

R. En cada momento se usan los métodos que hay, pero es verdad que tienen connotaciones algo peligrosas. Permiten al agresor actuar desde la distancia y el anonimato, lo cual apunta otro plus de perversión al asunto. Los colegios deberían establecer pautas de uso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de diciembre de 2007