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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre el precio de la vivienda

La Pradera de Navalhorno, Segovia

No entiendo mucho de macroeconomía. Quizá por eso no logro preocuparme por la alarma del mundo inmobiliario al saber que mi casa, en la que vivo y no tengo intención de vender, va a valer un poco menos en el futuro. Yo la sigo viendo igual.

Es más, si por alguna razón tuviera que desprenderme de ella, puedo suponer que la siguiente también la adquiriría a mejor precio.

Tampoco siento una especial inquietud por la frustración de aquellos vendedores, empresas o particulares, que se las prometían felices y pensaban sacar a sus compradores todo el dinero que pudieran reunir a lo largo de varias décadas de hipoteca.

Si acaso, me alegro por estos últimos, que van a sentir que la codicia pesa un poco menos.

Y supongo que si no consigo inquietarme es porque me da la sensación de que todo esto de la vivienda se apoya sobre algo muy injusto.

Pero debe ser porque no entiendo mucho de macroeconomía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de diciembre de 2007