Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crónica:LA CRÓNICA

En una calle 'outlet' y china

La calle de Girona es una arteria breve que enlaza el barrio de Sant Pere con el del Eixample tras el derribo de las murallas medievales. Imaginen la de historias que la calle breve guarda en sus portales e interiores desde entonces. Pero hoy llaman a mi puerta sus cambios recientes. Se nos ha vuelto una calle outlet. Ya saben, estas subtiendas de las firmas conocidas que, dado que las temporadas de la moda son mucho más breves que la misma calle de Girona, venden a bajo precio lo que en menos de un mes ha quedado fuera de temporada, outlet, que es lo que significa esta palabra en inglés.

En una esquina, un outlet de joyas. Vaya, estas tiendas ya no tocan (uso la vieja terminología del comercio) sólo ropa de vestir. Algo sabía, pero no había visto hasta ahora una de joyas. Medito el asunto, pero el semáforo de la Gran Via me interrumpe justo al lado del China Culture Business Center. Sí, el nuevo barrio chino está cerca. La meditación se esconde de nuevo, rápida, cuando, tras cruzar la avenida, en el tramo que va de Girona a Casp me encuentro rodeada de outlets, que hace poco no existían (aquí).

Unos delante de los otros, otros dos seguidos o a dos portales, cuento hasta seis en una manzana. Una de las tiendas se oferta como Outlet El Chollo de las Marcas. Los menos son los clásicos, los de firmas de trayectoria y cierta duración, como Mango. Parece fuera de lugar o (nueva meditación fugaz) ser una aristocracia. Lo outlet ya tiene sus patricios... Por supuesto.

Fuera de temporada, siempre en temporada.

De inmediato, sin transición, siguen las tiendas de venta de toda la vida al por mayor, "a l'engròs". También han vivido lo suyo estos años. La mayoría pertenecen ahora a comerciantes chinos.

Outlets y negocios chinos, outlets chinos con sus ideogramas que anuncian outlet en chino, versión mandarín o la que sea. Ahora sí mis pasos meditan, lo hacen por su cuenta.

Se les ocurre, a mis pasos, que, en conjunto, outlets y mayoristas chinos forman un nuevo tipo de centro comercial. Se ha ido construyendo a la menuda, poco a poco, modestamente. Nada que ver con Heron City ni con la Maquinista, ni mucho menos con L'Illa.

Estamos en un lugar modesto, aunque la calle breve contenga casas modernistas más arriba. Y, muy cerca de lo outlet, en el número 12, un viejo palacio, ahora herido, vacío y amordazado por la gran tela metálica cuya misión es contenerlo antes de que lo restauren o simplemente se lo carguen.

Lo viejo e historiado tiene aspecto monstruoso y está a punto de caer, y lo nuevo, el aire precario de lo outlet sin marca y de lo impenetrable.

El comercio textil, fabricado donde sea y en las condiciones laborales que sean, prosigue la gran marcha. El sistema ha dado la vuelta al maoísmo, mira tú: otra imagen en espiral que me ofrece la calle breve, que siempre me provoca. El gran timonel ya no es aquel tipo que nadie recordaría si Warhol no lo hubiera serigrafiado, sino que persiste en la cinta sin fin que enlaza tiendas en el ruedo mundial. Cuando la calle breve termina (en realidad empieza, pero yo bajo desde el Eixample), justo en los juzgados de primera instancia, el nuevo Barrio Chino barcelonés se muestra radiante.

Es distinto al ramblero y su canalla es otra, no en vano (supongo) éste sigue siendo barrio de bufetes de abogados y de juzgados. Los outlets, chinos o no, se han concentrado aquí en Girona, mientras que en la Ronda de Sant Pere, en el paseo de Sant Joan hasta el Arc de Triomf y en la calle de Trafalgar, casi todo es chino. También hay comedores y peluquerías a muy bajo precio. Hay de todo, más de lo que sé.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de diciembre de 2007