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Treviño acerca sus intereses a Euskadi

El crecimiento de población del enclave por la carestía de la vivienda en Vitoria reabre el secular debate sobre su incorporación al territorio alavés

El enclave de Treviño, sito en el corazón de Álava, aunque perteneciente a Burgos, vive en los últimos 15 años una recuperación demográfica inaudita: sus dos municipios recuperan parte de la población que perdieron con el éxodo rural de los años sesenta y setenta. Quienes ahora se instalan allí son, en su mayoría, ciudadanos nacidos en Vitoria que huyen de la carestía de la vivienda. El rejuvenecimiento de los habitantes y la demanda de servicios sociales, sanitarios y educativos, ha vuelto a poner sobre el tapete un debate secular: la incorporación del enclave al territorio alavés. Los vecinos desean una mejor gestión de sus necesidades, antes que entrar en el debate político entre las dos comunidades, necesidades que ahora, en su mayoría, piensan mejor cubiertas por las administraciones vascas.

Los 221,6 kilómetros cuadrados del enclave se distribuyen en dos municipios: La Puebla de Arganzón (18,7) y Condado de Treviño, el más extenso y que se reparte en 48 pueblos dispersos entre campos de cereal o girasol. En total, algo más de 1.700 habitantes, población que ha aumentado en 600 personas en los últimos 15 años. El año pasado, 512 de ellos tenían entre 30 y 40 años, con 143 niños menores de 10. Es una población joven que vive en casas rehabilitadas y nuevas urbanizaciones, como refleja el salto de 309 hogares censados en 1991 a 538 en 2001.

Treviño es legalmente parte de Castilla y León (su renovado Estatuto lo refrenda), pero los más pequeños estudian en euskera. "En el municipio de Condado de Treviño, los padres consiguieron que el Ayuntamiento abriese una escuela infantil que educa en euskera, mientras que en La Puebla la escuela pública se ha reconvertido en una aula de apoyo de una ikastola de Vitoria", precisa Javier Ruiz, miembro de la iniciativa Trebiñu Batu, que reivindica su incorporación administrativa a Álava.

La vida cotidiana de los treviñenses es 100% alavesa y así lo sienten: en la consulta popular que se realizó en 1998, en la que participó el 76% del censo, un 68% de los votantes respaldó la incorporación a Álava. Inmaculada Ranedo, alcaldesa del Condado, del PP, reconoce esta realidad, pero también cree que la corporación anterior "se ha desgastado en controversias, y ha desatendido la vida diaria del municipio. La gente quiere que el Ayuntamiento se ocupe de gestionar". Ranedo se ha mostrado favorable a mantener la escuela municipal, "aunque será bilingüe", aclara.

La gestión resulta clave, efectivamente, en la reclamación de que se integre Treviño en Álava. Los vecinos así lo han considerado en todas sus peticiones a las autoridades, desde la primera, en 1646, hasta la consulta popular de 1998, los treviñenses han pedido que se supere una anomalía que se remonta a las guerras castellano-navarras de los siglos XIII y XIV.

"Los vecinos sabemos que hay muchos que no están empadronados en Treviño, sino en Vitoria para llevar a sus hijos a la ikastola o beneficiarse de la sanidad vasca", comenta Agustín, un vecino del pueblo que entiende que la integración en Álava es cuestión de sentido común. "Treviño es un municipio disperso, con más de 50 kilómetros de carretera que mejor atenderá la Diputación de Álava que la de Burgos", añade.

En cuanto a la asistencia médica y la atención a la tercera edad, el Gobierno vasco y la Diputación de Álava la ejercen en una suerte de limbo administrativo, porque la Junta de Castilla y León, del PP, se niega a llegar a ningún acuerdo con las instituciones vascas.A cambio, la Junta mima la principal dedicación del enclave, la agricultura, como reconocen todos los sondeados con la deriva de numerosos fondos europeos. "A pesar de que no es imprescindible, por el clima, tenemos más regadíos que el resto de Burgos", concluye Javier Ruiz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de noviembre de 2007