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Análisis:EL ACENTO

Medida de Dios

El arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, le dijo el sábado pasado a la vicepresidenta, en acto público vaticano y revestido de todos los atributos de su dignidad eclesiástica, que "no se puede construir una sociedad al margen de Dios". Más educado que sus portavoces en los medios, pero igual de confundido. ¿Quién es un arzobispo, en este caso de Valencia, para exigir a un Gobierno democrático elegido por más de diez millones de ciudadanos que ponga lo que la teología consideraría los límites de Dios a la tarea del César? Es más: ¿qué significa para el César estar dentro o fuera del margen de Dios? La vicepresidenta representa a un partido que en ninguno de sus puntos programáticos prometía construir nada dentro de esos márgenes tal vez fijados por Dios, pero indiscutiblemente interpretados por la Iglesia católica. Y los españoles les votaron. ¿Por qué cree la Conferencia Episcopal que el Gobierno debe acatar sus límites? ¿Quiénes son los arzobispos para instalar barreras y guardarraíles? Ocúpense de sus rebaños y dejen los de los vecinos, preocupados por otros menesteres más pedestres y mundanos, como trabajar o crear riqueza para poder pagar a la Iglesia.

Y ésta era la respuesta a una María Teresa Fernández de la Vega que, como representante de un Gobierno democrático, cierto que no de una organización milenaria, había mostrado su respeto y buenas maneras con un "in necesariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas" de san Agustín. Que viene a ser en lo esencial unidad, en lo dudoso libertad, en todo, caridad. Justamente, lo contrario de lo que se predica desde los medios periodísticos de la Iglesia.

Seguramente a monseñor García-Gasco, como a Rouco o Cañizares, el líder iraní, Mahmud Ahmadineyad, les parecerá infiel y, además, bárbaro. Es que mezcla religión y política, dirán. Y no como en esta otra frase de monseñor García-Gasco, misma noche, mismo acto: "La paz, la concordia, la justicia, la libertad, el progreso y la civilización del amor son fruto de la cercanía a Dios". Supongamos que así fuera, pero, entonces, ¿podrían los obispos informar de la unidad en que se mide y quién se encarga de medirla?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de noviembre de 2007