La depuradora de Vigo vuelve a funcionar cuando ya hay fecha para su demolición

Siete auditorías y múltiples informes remendaron la chapuza de su construcción

La depuradora del río Lagares, en Vigo, decanta diariamente de 40.000 a 50.000 kilos de lodos que hace diez años se vertían directamente a la ría, eso se ha ganado. Pero la planta casi nunca funcionó bien. Los técnicos dicen que ahora sí. Que sus equipos y sus sistemas detectores de olores se vigilan desde el ayuntamiento en tiempo real y que las máquinas funcionan esta vez "a la perfección". Dentro de lo que cabe. Y cuando ya hay fecha para su reemplazo, en el mismo lugar y por 160 millones de euros.

La demolición y sustitución de las instalaciones se hará, de modo progresivo, a partir del próximo año. Siete auditorías y múltiples informes reflejaron el año pasado los fallos y la dimensión del desastre de la actual planta. El gobierno local del PP intentó enderezarlo con fondos de la Consellería de Medio Ambiente y lo logró en la medida de lo posible.La expansión de la pestilencia al vecindario ha sido el síntoma más llamativo y que tiene sus causas últimas en los desfases, algunos insalvables, del proyecto y ejecución de la obra. La planta puede depurar totalmente 1.500 litros por segundo, pero recibe unos 3.000, de modo que la mitad se van a la ría con sólo un tratamiento primario, mezclados con los otros. "Las bateas contaminan más", aseguran los técnicos municipales.

La elección del enclave para instalar la planta, en la desembocadura del río Lagares, en el extremo meridional de la playa de Samil, se hizo contra la calificación del terreno, no urbanizable, de protección de junqueras. No es que fuera un paraíso. El Lagares se vaciaba ahí como una cloaca inmunda que, al cabo, la ría purgaba. Era también la cota más baja de la ciudad, lo que permitía ahorrar gastos de bombeo. La planta empezó a funcionar hace 10 años, con el vecindario en pie de guerra por lo que empezaba a percibir en la fase de pruebas. Fraga dijo al inaugurarla que marcaba un hito en el saneamiento de la ría, y lo ha marcado, pero como chapuza, pese a las montañas de lodos que ha retenido en la década.

Es un caso insólito por su proximidad al vecindario. La zona de exclusión residencial para plantas de su tipo fija una distancia mínima de 300 metros desde los depósitos de fangos, la principal causa de pestilencia. En el radio de 300 metros, aquí hay 14 casas e incluso un vecino expropiado que vive dentro del recinto de la depuradora viguesa.

Las siete auditorías realizadas entre 2004 y 2006 -una de Esinpro, encargada por la concesionaria, cinco (de Novotec, Ingeniería de Vertidos, Galaicontrol, ACT Sistemas, Ros Roca) por el Ayuntamiento y una solicitada a la Universidad de Barcelona por los vecinos- constataron dos errores de proyecto, determinantes de problemas luego prácticamente insolubles. Uno, la construcción de dos digestores de 9.500 metros cúbicos de capacidad en lugar de los tres inicialmente previstos, de 6.400 metros cada uno. Y sin bocas laterales de acceso para su vaciado. Cuando uno de los digestores falla o ha de someterse a mantenimiento, no hay opción a controlar los fangos, que circulan por líneas comunes a los dos digestores, se mezclan, contaminan el funcionamiento del digestor activo y airean los olores. Un tercer digestor hubiera permitido el aislamiento del que estuviera parado, sin esos efectos.

El segundo error concierne a las previsiones de caudal y del solar preciso para ampliar las instalaciones. En la primera fase (1997) no había ningún sistema para el tratamiento de gases. Y en la segunda (2000), que incorpora el tratamiento biológico, las piezas de la obra tuvieron que adoptar un diseño ad hoc por lo exiguo del espacio. "Difícilmente encajados sus elementos en la escasa superficie disponible, forzó a modificar el emplazamiento y la geometría de los nuevos decantadores secundarios y el reactor", señala la concesionaria, a la sazón Seragua, hoy Aqualia.

La concesionaria mantuvo un pulso de años con Augas de Galicia por los múltiples fallos de la planta que se le entregaba y que no quería recepcionar hasta verlos subsanados. Sus informes remiten a inspecciones visuales por falta, dice, de soporte documental de la instalación, "con la falta de fiabilidad en las conclusiones que esto conlleva". Las auditorías realizadas seis años después añaden que ningún sistema de medición de los instalados merece fiabilidad.

En el arranque, las averías estuvieron a la orden del día y, entre la ristra de fallos e insuficiencias, Seragua cita las ingentes cantidades de arena que se acumulan y dañan los equipos, la imposibilidad de atajar los intensos olores, la alta temperatura en la sala de cuadros que pone en riesgo los equipos electrónicos, los baches y daños en la pavimentación de los viales o que no se han construido servicios higiénicos para el personal... Los problemas de olores se plantean, sobre todo, entonces como ahora, con el arranque y vaciado de los digestores, que también sufren numerosas e importantes averías que los dejan ocasionalmente fuera de servicio. Sin accesos laterales para su vaciado. En vaciar el primero se emplearon cuatro meses.

La más vigilada de España

Informes y auditorías en mano, el pleno municipal aprobó en 2006 un plan de choque con financiación de la Xunta: 13 millones de euros para neutralizar las deficiencias y olores. También aprobó no ejecutar ninguna ampliación. Sólo cubriciones, calibración de los equipos de medida, nueva maquinaria y expropiaciones para crear la zona de exclusión.

Todo estaba en marcha cuando se desató la zarabanda del plan general, la busca de una ubicación alternativa y la decisión final de construirla en el mismo lugar, totalmente cubierta. Los vecinos volvieron a intensificar la guerra contra todos los partidos, les vetaron hacer campaña en el barrio cuando las elecciones locales, y ahí siguen. El anuncio de la nueva depuradora replanteó el gasto previsto en la actual, que se quedó en nueve millones, poniendo en cuarentena las expropiaciones.

"El único que se tomó en serio esto fue Chema Figueroa". Los portavoces vecinales reconocen los desvelos del ex concejal de Urbanismo del PP que han cuajado en tener "la planta más vigilada de España", según los técnicos municipales. Sus equipos y detectores de olores se controlan desde el ayuntamiento en tiempo real y la maquinaria funciona, por primera vez, "a la perfección".

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 25 de noviembre de 2007.

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