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El sabotaje del AVE francés agrava los efectos del paro

Arranca la negociación entre el Gobierno y los sindicatos para poner fin al conflicto

Una serie de graves sabotajes en las líneas del tren de gran velocidad (TGV) en Francia acompañaron ayer la apertura de las negociaciones entre los sindicatos de los transportes públicos, las empresas y el Gobierno para poner fin al conflicto por la reforma de los regímenes especiales de pensiones. La huelga de los empleados de los ferrocarriles (SNCF) y los de los transportes del área metropolitana de París (RATP) cumplió ayer su octavo día para desesperación de los ciudadanos, que no acaban de entender cómo, pese a que la incidencia del paro alcanzaba sus niveles más bajos, el servicio seguía bajo mínimos.

Los sectores más radicales estarían dispuestos a seguir con la protesta

Fuentes de la SNCF anunciaron que, de madrugada, "de forma simultánea" se produjeron "actos de sabotaje coordinados" en todas las líneas de alta velocidad que salen de París hacia distintos puntos de Francia. Individuos todavía sin identificar quemaron cables de la señalización y destrozaron los conmutadores, lo que obligó a numerosos convoyes a circular muy lentamente, así como a desviar hacia vías convencionales a varias líneas de TGV que acumularon hasta una hora de retraso.

La reacción, tanto del Gobierno, como de la SNCF, como de los sindicatos fue inmediata. El primer ministro, François Fillon, calificó los hechos de "actos criminales" y anunció "sanciones muy severas" para los responsables. "Los autores de estos sabotajes han creído, sin duda, poder interrumpir así la negociación en la SNCF", dijo Fillon en el Parlamento, "pero se equivocan profundamente". El líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), Bernard Thibault, que ya había advertido a las bases de "posibles derivas minoritarias de la huelga", en el sentido de que los sectores más radicales estarían dispuestos a mantener con vida la protesta social, tuvo palabras igualmente duras para los saboteadores a los que calificó de "cobardes". Según la CGT, la acción está destinada a "desacreditar" a los trabajadores de la SNCF.

El inicio de las conversaciones a tres bandas para negociar la aplicación de la reforma de los regímenes especiales de pensiones, corresponde al deseo de los trabajadores que exigían la presencia del Gobierno. El Ejecutivo también ha cedido en su pretensión de que, para entrar en conversaciones, previamente tendría que haber sido desconvocada la huelga. Sin embargo, la mayoría de los sindicatos optaron ayer por dejar en manos de las asambleas federales la decisión de seguir o no con el paro. La tendencia apunta claramente al final de la huelga. Lo más probable es que hoy aumente el número de federaciones que sigan esta tónica, lo que no impedirá que la normalidad en el transporte público no se restablezca hasta el fin de semana.

En cuanto a la RATP, cuyos trabajadores sólo secundaron ayer el paro en un 16%, pese a lo cual el metro de París siguió funcionando de forma totalmente aleatoria, las negociaciones parecen ir por el buen camino. Ayer por la noche, todos los actores se esforzaban en transmitir optimismo.

Los sindicatos negocian ahora los sistemas para compensar la desaparición de los privilegios de los colectivos beneficiados por los regímenes especiales de pensiones. La necesidad de cotizar dos años y medio más, de los 37,5 actuales a los 40 que les igualaría con los funcionarios, puede compensarse con diversos mecanismos que van desde la creación de un fondo especial transitorio a otras medidas. En las empresas del sector de la energía, Eléctricité de France y Gaz de France, las direcciones han ofrecido aumentos de hasta el 15%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de noviembre de 2007