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Entrevista:ENTREVISTA | LUZ CASAL

"Se canta y escribe mejor después de una herida"

Tras superar un cáncer, Luz vuelve a ser Luz. Y su personalísima voz se proyecta en un nuevo disco, 'Vida tóxica'. Afronta la vida, y esta entrevista, con valentía.

Luz se ha sentado en la penumbra, vestida de negro, sonriente, con el pelo cortísimo. Está en Málaga, mirando al mar, con su compañero de hace treinta años, Paco Pérez Bryan, que la cuida también con los ojos. Cuando planteamos esta conversación, unos días antes de este encuentro, Paco vino a vernos; en sus ojos estaban juntos la ilusión y el susto. Luz volvía a cantar, estaba a punto de salir su disco nuevo, Vida tóxica, pero esa mañana estaba mareada, algo debió sentarle mal, tenía dolor de cabeza, no estaba tan bien como tendría que estar. Esa cara. Y ese susto en el rostro, era ahora por un dolor de cabeza, pero hace nueve meses, cuando Luz se sintió mal, fue al médico, recibió la noticia de que tenía cáncer y decidió afrontar la aventura de curarse, ese susto cubrió toda la cara, el pasado y el futuro, y por un rato ensombreció la alegría que siempre hay en torno a Luz Casal, la alegría de Paco, la alegría de Luz. Ahora Luz es Luz después de la herida. Ahora ella está aquí, muy bien, toma café con leche y agua, ojea el periódico, se ríe con esa boca grande y enrojecida y feliz (o casi feliz, ya lo dirá ella) que ha sido como un emblema en la comunicación de esa alegría. Paco, que siempre ha hecho radio y televisión, y siempre ha hecho música, nos deja con ella, y se va a hacer cosas en la ciudad donde nació; nosotros nos sentamos muy cerca de Luz, para grabarle mejor, en la biblioteca ruidosa del hotel. Ella se acaricia el pelo constantemente, como si lo hubiera redescubierto, y es que lo ha redescubierto. Le dijeron que iba a quedarse calva tal día, y se imaginó cómo iba a ser calva; luego, cuando ya era calva, se sintió feliz calva, y Paco dice que estaba guapísima también calva, como él. "En el pasado había tenido el pelo rapado, de colores, qué más me daba tenerlo calvo. Ha habido gente que me ha dicho: ?qué cabeza tan bien hecha tienes`". Ahora le ha crecido un pelo algo crespo, con canas, que ella se quiere dejar chiquito. La sobrina de Paco, de dos años y medio, le acaricia el pelo, la acaricia: los niños son muy sensibles, dicen ellos, y la niña debe saber que por esta mujer ha transitado un calvario, por eso cuando la acaricia le dice "Ay, ay", como si le estuviera acariciando también donde le duele el pasado. A veces salió en esta conversación la palabra herida, que adquiere, dicha por una persona que ha padecido cáncer o cualquier otra enfermedad tan grave, no sólo como una incisión sino como algo más metafórico, más grande y simbólico. Una herida. Luz después de la herida. Jamás paró, mientras tanto. El productor del disco, Paco Trinidad, que ya trabajó con ella en varios discos (Piensa en mi, Loca, Un año de amor) supo, como muchísima gente, de la enfermedad cuando Luz anunció en su página web que tenía cáncer, y se plantó en su casa. Luz estuvo de acuerdo en que trabajar era mejor que olvidarse de la voz, y empezó a hacer el disco, "entre quimioterapia y radioterapia". El resultado es "el disco más rápido que he hecho en mi vida", en los descansos del dolor tóxico (Vida tóxica es una alusión a los medicamentos que ha debido tomar, y también a la vida que nos rodea, "una vida tóxica"), entre Londres, Nueva York y Madrid, con unos músicos (algunos de The Who, otros de los que acompañan a Paul McCartney, además de Tino di Geraldo y Paco Salazar y el citado Trinidad); un disco en el que mezcla la rabia de vivir con la ansiedad de ser feliz, y que es preludio de otro que empieza ya mismo, en el que va a introducir una selección de versiones de grandes creaciones clásicas de otros autores. ¿Cuáles? Las está buscando. Y en enero vuelve Luz a los escenarios; iba a cantar en Elda (Alicante) cuando se le declaró la enfermedad, y por Elda va a empezar otra vez. Luego irá también a Francia, donde la quieren tanto (¿y por qué? "Porque yo los quiero a ellos"), y después… "Pues a seguir siendo Luz, la chica de Casal". ¿Y qué dirá en Elda? Piensa un rato, alza las manos, ríe a carcajadas y dice: "Elda, ¡ya estoy aquí! ¡Ja ja ja!" Ah, y en el verano que viene hará dos conciertos, para ayudar a que se investigue más en la lucha contra el cáncer. "A eso dedicaremos todo el dinero de esos conciertos".

Cuando terminamos nuestra conversación caminamos por Málaga y fuimos a un restaurante junto al mar. Al sentarnos le pregunté por la música que le había acompañado en este tiempo, y anotó en mi cuaderno estos nombres, en letras mayúsculas: "Arcade Fire, Paolo Nutini, Faist, Benjamin Biolay, Rufus Wainright, Ami Winehouse". Cuando acabó la comida y también el albariño de su tierra (es de Asturias y de Galicia a partes iguales, y ahora acaba de comprar la casa de su familia, en una aldea gallega), le pregunté por su canción favorita entre las que ella ha hecho: Entre recuerdos, "sin contar este disco, este disco es otra cosa; Entre recuerdos la escribí cuando murió mi padre, José Casal Tojo, en 1995". Decía Entre recuerdos, y canta Paco, al volante del coche: "Cuando cae la pena sobre mi/ el mundo deja ya de existir./ Miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos".

Eso es lo que habíamos hecho unas horas antes, sentados en la biblioteca de un hotel de Málaga. Buscar entre los recuerdos de nueve meses que Luz acaba de afrontar.

Pregunta. Estaba hablando ahora con el filósofo Emilio Lledó y le dije que le iba a entrevistar. "Qué mujer maravillosa", me dijo. Le quiere mucho la gente.

Respuesta. En estos nueve meses me ha pasado: ha habido casos emocionantes de gente que me lo ha querido demostrar. Todos los días, mediante mensajes, muchos me han dicho que me quieren. Y también ha habido los que han dicho: "Yo no soy admiradora de tu música, pero me gusta mucho tu manera de enfocar la vida"… Ahí percibes muchas cosas de las que no eras consciente hasta esos días. La gente percibe que yo les doy lo mejor que tengo y luego desaparezco, y eso se agradece, que enfoque mi vida en la música como algo muy natural. Y es la naturalidad la que me ha hecho plantearme esto como una profesión. Es una profesión muy vocacional que descubrí muy temprano. Eso es lo que hace que no pierda el trasero por conseguir una foto, que no haga cosas que no me interesan. Y la gente ve todo eso y la gente no es tonta.

P. Usted es la gente.

R. Ya, claro, yo formo parte de la gente, pero a veces soy la que está encima del escenario, hay una distancia. Nosotros subimos muchas veces al escenario, y hay la evidencia física de un distanciamiento. Tú estás aquí, ellos están ahí. Bien sabe Dios que me esfuerzo porque esa distancia no exista una vez que me bajo del escenario; tengo afán por saber qué pasa en la calle, lo que la gente ve, incluso para que luego revierta en las canciones que hago o en mi forma de expresarme. Pero esa distancia se da cuando estás en el escenario; el público entonces es masa, y se comporta de una manera determinada. Pero ahí dentro está el individuo. A veces canto una canción y viene alguien a decirme: "Parecía que me la cantabas a mi". Pues, puede ser.

P. ¿Y se canta a sí misma?

R. No. Yo hago melodías todo el rato, espontáneamente, en los sitios más inesperados, si tengo una alegría, o una tristeza. Es una manifestación natural, pero no me lo canto para mi. El cantar es para mi como ayudarte a quitarte cosas, y una vez que las grabas y dices "bien" ya es como si no fueran tuyas, ya no son tampoco para ti. Yo no tengo mucha necesidad de oírme, canto para que ya sea de otros.

P. Nueve meses. ¿Cómo sería un diario de Luz Casal en este tiempo? ¿Cómo vino la noticia de su enfermedad?

R. Acabábamos de hacer una gira por Francia. Antes de esa gira me había hecho todas las pruebas, que les enviaron a los médicos que me trataban. Me dijeron: "Todo bien, no te preocupes". El doctor con el que tengo más confianza me dijo. "Tú sigue, canta estupendamente, que no digan los gabachos que bla bla bla". Un día, tomando una sauna, me toco y aprecio algo que antes no estaba, "uy, este bulto no estaba conmigo antes". Entonces llamé al ginecólogo, que me dijo que fuera inmediatamente a la consulta… Total, que quince días después de iniciar esa gira me veo ahí con una cosa que no tenía antes y, bueno, a recoger los resultados. Tengo buen olfato, así que desde que llegué a la consulta me di cuenta de que pasaba algo que no podía ser bueno.

P. ¿Y qué pasa cuando uno tiene ese presentimiento?

R. Yo creo que solté en dos momentos tres o cuatro lágrimas cada vez, y la verdad es que no fue por la enfermedad sino por sentirme débil. Me parece que lo escribí pasados unos meses, para darle respuesta a todos los mensajes que me enviaban… Les dije eso, lloré por sentirme débil. Y le escribí a la gente porque me parecía feo recibir tantos mensajes y que no tuvieran una respuesta… Mi mayor tristeza, si se puede decir así, era sentirme débil.

P. ¿Y cómo lo superó?

R. Con el disco, con la música. Desde que me dieron la noticia. Me la dieron tal día como hoy y ya mañana estaba preparando el disco. En vez de dejarme abatir, decidí que tenía que seguir haciendo cosas… Porque te avisan, te dicen cómo va a ser la quimio, pero hasta que no lo experimentas no sabes lo duro que es, y te dicen que te vas a quedar calva, pero hasta que eso no sucede tampoco sabes de qué se trata esa sensación… Pero decidí hacer música, y eso hace que hoy pueda decir algo que puede ser paradójico, que esos meses se pasaron de manera relativamente agradable. Yo sé que eso suena raro, pero es que la música me ayudó, y me ayudó haberme puesto el objetivo de hacer un disco, de acabarlo, de ponerle fecha, que era, por otro lado, la fecha de la terminación del tratamiento. ¡Me ayudó tanto!

P. ¿Esa reacción suya está en la naturaleza o la enfermedad es la que le da al ser humano esa voluntad de rebelarse?

R. La enfermedad. Los grandes palos suelen dar una fortaleza que uno no sabe que tenía. También es verdad, y yo lo he visto en los mensajes que he recibido, que hay gente que se queda absolutamente abatida, derrotada, que saben que no van a poder tener hijos, que a lo mejor los ha dejado su pareja… Sientes que están en el nivel más bajo que se puede estar, pero yo creo que en general lo que te provoca la enfermedad es afán de superarte, y te agarras a lo que sea, a tu familia, a tu trabajo, y a la vida.

P. Ahora sabe que su gesto animoso habrá ayudado a mucha gente.

R. Yo creo que lo que más les puede ayudar es saber que en vez de preocuparme e ir llorando por las esquinas he hecho un disco. Y eso a cualquiera que esté desanimado le puede servir de ejemplo. Y no es mi propósito ser el ejemplo de nadie porque creo que uno debe encontrar su fortaleza o su camino en sí mismo o por sí mismo, es algo individual, le compete al individuo, y yo creo más en el individuo que en la masa. Pero en estos casos en que te sientes parte de un grupo, está claro que yo formo parte ya de un grupo de gente que ha pasado por esta enfermedad, y eso te hace sentir todavía más solidaria. Por suerte, siempre he estado dispuesta a darle la mano al débil, en todos los casos, y eso me hace tratar de ayudar a que la gente se levante, se haga más fuerte… Cuando entré en el quirófano no sabía si me iban a quitar la teta, ¿no?, y me daba igual. Hombre, prefería que no me la quitaran, pero si me la hubieran quitado no creo que ese no habría sido un drama. Yo pienso que mientras haya vida tienes posibilidades de crecer. Yo siempre pienso en crecer, no creo que por cumplir años vaya a perder cosas. Lo que se pierde siempre se compensa con otra cosa.

P: Usted vive en un mundo, el del showbusiness, en el que muchas cosas parecen depender de la imagen, de la vanidad, de ciertas solemnidades que luego son humo. ¿Qué se desdibuja cuando uno sabe que le pasa algo incontrovertible y rotundo?

R. Pues algo que dicen todos los que pasan por este tipo eexperiencias: que lo relativizas todo. Siempre he tenido mucha ansia de crecer musicalmente, de llegar al corazón de muchísima gente, y esta no es una cuestión de…

P…. de vanidad…

R. De vanidad. Lo que quiero es mejorar todo lo que escribo, ser capaz de comunicarme con el prójimo de manera más fluida… Pues cuando te ocurre algo como lo que me ha pasado, todas esas cosas pasan a segundo plano, y entonces tu salud, tu cuerpo, se convierte en lo fundamental de la vida, como la relación con la gente más inmediata. Empiezas a cuestionarte si tratas bien a los familiares más próximos, si eres lo suficientemente cariñosa con ellos para demostrarles que realmente los quieres… Entonces todo cambia un poco. Claro, no he dejado de pensar nunca en la música. En este caso, en el disco, cómo va a ser la portada, a qué gente llegarán esas canciones, cómo me voy a presentar en un escenario una vez que me recupere un poco físicamente…

P. ¿Pensaba en todo eso?

R. En todo… Y después de cada sesión de quimio o de radio trabajaba, como estuviera. Piensa que yo me operé, me quitaron los ganglios, porque había uno infectado, y me quitaron los puntos, y al día siguiente fui a cumplir un compromiso en Lisboa. Todo el mundo me miraba, "pobrecita", y yo decía. "No seáis tontos, que todavía tengo muchas más fuerzas"… Y todas las semanas, desde primeros de febrero, quedaba con Paco Trinidad; a veces yo estaba tumbada en el sofá, hablando de cómo se tenía que hacer el disco; su paciencia y mi ánimo hicieron que incluso esas sesiones fueran buenas para el resultado final. El disco.

P. ¿Era parte de la terapia que usted se había asignado?

R. Pues sí, y seguía tomando clases de francés… Uno de los momentos impactantes de todo este proceso fue cuando me di cuenta de que no podía leer el periódico; no era capz, no tenía la concentración necesaria para leer los titulares, y eso me descomponía… Pero, bueno, sabía que eso se me iba a pasar.

P. Tenía como la certeza de la curación.

R. Bueno, la certeza de la curación no se puede tener, porque esta era una enfermedad crónica. No se puede decir que porque haya acabado mi quimioterapia y mi radioterapia esté curada al cien por cien. Hay siempre una pequeña amenaza, pero no mayor que la del que se toma veinte pastillas porque tiene el colesterol alto… Aparentemente estoy hecha una jabata, pero hay que pasar las ITV; en diciembre pasaré una, luego no sé si es cada medio año…, hasta que me licencie.

P. Ahora tendrá un montón de conocimientos sobre cómo se trata la enfermedad y cómo se trata a los enfermos.

R. Yo creo que lo que necesita el enfermo es sobre todo cariño. El enfermo, si es miedoso, debe sentir terror. Yo creo que el cariño es tan importante como el fármaco. Y luego está la actitud, como todo en la vida. En muchos mensajes percibí que yo no era una enferma tan grave. Al lado de muchos dramas, lo mío era una broma. Y veías la fortaleza y la ilusión en mucha gente que estaba peor que tú.

P. ¿Y usted tuvo miedo?

R. Yo no le tengo miedo ni a la muerte.

P. ¿De dónde le viene esa fuerza?

R. Pues no tengo ni idea, pero no le tengo miedo a la muerte, te lo digo sinceramente. Desde que era bastante joven no le tengo miedo a la muerte. No me gustaría, por ejemplo, morirme antes que mi madre, no quisiera provocar dolor en los más próximos, pero no le tengo miedo a la muerte. Tengo muchísimas cosas por hacer, infinidad, como por ejemplo hacer un disco y veinte discos que fueran imprescindibles para alguna gente, que les sirviera de compañía, que les sirviera de alivio.

P. ¿Sintió en algún momento que las palabras no servían para tanto?

R. No, las palabras sirven para mucho. Cuando te dicen "te queremos", por la calle. Oh, eso es muy grande. Cómo no van a servir las palabras, las palabras sí sirven.

P. En el Evangelio se decía eso, "una palabra tuya bastará para sanarme".

R. Todo esto que estoy contando de mi carencia de miedo, de mi actitud y tal y cual, viene de los mensajes que recibía. ¿Cómo me iba a venir abajo?

P. Había alguien que le mandaba naranjeas cada veintiún días… ¿Por qué?

R. Porque cada veintiún días era la quimio… Las naranjas y las flores eran de admiradoras, grupos de mujeres que se gastan el sueldo o mucho perraje yendo a mis conciertos por todo el mundo… ¡Y me siguen enviando las naranjas! Ahora fueron mandarinas. Tengo suerte. El cariño es una cosa buenísima.

P. ¿Ha habido algún momento de rabia? ¿Algún momento en que dijo: por qué a mi?

R. No. No he sentido rabia. Es más, siempre pensé que había tenido mucha suerte, porque siempre tuve mucha salud. Todos los años de mi vida he padecido poquísimo. Y no es justo, cuando hay niños que nada más nacer ya están siendo operados, quita, quita. Así que no me quejé ni sentí rabia.

P. Muchos recordamos, cuando usted reveló su enfermedad, aquella canción que usted hizo a partir de los versos de Rosalía, Negra sombra,…

R. Bueno, a lo mejor de tanto cantarla… Esa presencia de la muerte es diaria, está cercana. Me llama la atención la poca inteligencia que tiene la gente al pensar que somos eternos. Al menos debemos ser conscientes de que alguna vez te va a pasar algo, y no estar ya. A mi no me gusta hablar de mañana.

P. Eso ayuda a dar valor a las cosas…

R. Yo creo que sí.

P: ¿A cuáles le ha dado valor usted?

R. Les doy valor a los gestos pequeños. Soy una persona de origen sencillo y que ve al prójimo, como alguien verdaderamente esencial y cercano.

P. Se aprecian más las cosas, ¿no?

R. Sí, es que llega un momento en que tu cabeza empieza a hacer balance. Y entonces la esencia de las cosas ocupa mucho más tiempo que las tonterías… Y es cuando aprecias la poesía. Un verso te puede acompañar durante días.

P. Herida. Cuando no se sufre parece una metáfora, pero cuando se ha sufrido tiene un significado tremendo.

R. Yo creo en la felicidad, pero sé que es de una brevedad impresionante. Un porcentaje altísimo de lo que canto tiene más que ver con las frustraciones, con la tristeza, con la ansiedad, con todas esas cosas que te hacen estar vivo pero sin vivir en ti… Porque el estado de la felicidad te da para una canción. Uno escribe siempre después de una herida.

P. En su disco se da esa dualidad, hay una canción que se titula Sueños raros, y otra que se titula Sé feliz.

R. Sueños raros es una canción rara, pero es la que más tiene que ver con lo me ha pasado estos nueve meses. Yo no suelo tomar fármacos, pero ahora los he tenido que tomar, y de vez en cuando se me producían unas ensoñaciones y unos sueños verdaderamente extraños. Así que decidí poner fin a todos esos sueños raros cantando sobre ellos, como si al acabar de contarlos ya estuviera bien del todo.

P. A lo mejor me paso en esta apreciación, pero la veo a usted con más sentido del humor ahora.

R. Yo siempre me he reído de mi y de mis circunstancias. Paso de los dramas… Una de las últimas cosas que me hicieron durante el tratamiento fue una radioterapia muy local. Si no te gusta lo que te voy a explicar me lo dices. Te metían unas agujas así de grandes y era como si te cosieran. Y yo le decía al tío: "Bueno, después de esto a lo mejor me decido a hacerme un tatuaje".

P. Vida tóxica. Qué titulo, ¿no?

R. Sí, porque convivimos con la vida tóxica. De ahí viene el título, y lo compenso porque en la portada del disco me estoy descojonando de la risa, y el disco está lleno de unos dibujitos muy primarios que he hecho.

P. Estas pinturas parecen un regreso a la infancia. ¿Vuelve uno a la niñez en un proceso como este que ha padecido?

R. Mi infancia fue muy breve, como mi adolescencia, porque yo empecé a cantar siendo muy chica… Pero no vivo ese periodo de mi vida con tristeza; lo veo como el origen de mi manera de ser, de mi personalidad, de mi fortaleza. He sido hija única, y eso te proporciona otra forma de relacionarte y de ver las cosas. En realidad, en este periodo más que mi infancia he tenido presente a mi familia en su conjunto, con mis primos segundos, a toda esa gente en Galicia, en Asturias…

P. Aquí hay otra canción, imperativa en este caso, Sé feliz. Y en el estribillo se dice cinco veces: "Sé feliz, sé feliz, sé feliz, sé feliz, sé feliz".

P. De repente alguien me mandó una canción. Sé feliz. Y me dije: "Bueno, es una canción obligada para este momento". Y fue la primera canción que decidí meter en el disco.

P. ¿Y es usted feliz ahora?

R. Una persona que está buscando una especie de perfección no puede ser feliz. Cuando aprendes a ver todo lo que te rodea tratas de sacarle partido y vives como si fueras feliz. Pero la felicidad son fragmentos.

P. Leyó poco la prensa, pero está informada. ¿Qué le ha preocupado de lo que sucede?

R. Me produce un poquillo de pena que se abran heridas con respecto a la memoria histórica. Yo no quiero volver al tiempo en que mi vida era más gris; hay que cerrar puertas del pasado, cerradas, ya está. También me parece peligroso eso que dice la gente: qué bien vivimos. Pues faltan más biólogos, más médicos, más cultura, y más solidaridad.

P. Luz, ya que hace tanto balance, ¿qué balance hace de usted misma?

R. Tengo un buen concepto de mi; soy bastante pura, la verdad. No me engaño, no digo lo contrario de lo que pienso. No trabajo con gente con la que no me gusta estar.

P. El disco termina con la palabra siempre. Repetida tres veces.

R. Me gustaría ser imprescindible para alguien. Ser eterna. No estar, pero permanecer. Hacer canciones ahora que pudieran perdurar. Este sería el mejor de los premios.

P. Luz, ¿cuál es su estado de ánimo ahora?

R. Estupendo. Yo creo que estoy mejor que nunca. Siento que estoy mejor que antes de la enfermedad, más lúcida, con los objetivos más claros, más concreta, con menos lastre, y entonces voy más ligera, como si hubiera perdido kilos. ¿Feliz? Casi, casi. Hombre, cuando superas, entre comillas, una enfermedad te viene una sensación muy agradable. Pero tampoco es que tenga claro que esté del todo sana. Lo que estoy es bien y no me preocupo de qué va a pasar.

P. Vida tóxica. ¿Otro adjetivo para vida?

R. Vida sólo, sin toxicidad. Se puede vivir con toxicidad. Mira a tu alrededor, el día a día. Pero para qué ponerle otro adjetivo. Digamos vida, ¿no? Vida, ¿vale?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de noviembre de 2007