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Posible moratoria para la vacuna del papiloma

Un grupo de especialistas en salud pública han constituido una plataforma para pedir a las autoridades sanitarias una moratoria en la inclusión de la vacuna contra el virus del papiloma en el calendario oficial de vacunaciones.

El Consejo Interterritorial, organismo integrado por el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas, aprobó el pasado octubre incluir la citada vacuna en el calendario, aunque cada comunidad tiene hasta 2010 para organizar el dispositivo.

La vacuna es consecuencia del descubrimiento de un equipo español liderado por el epidemiólogo Xavier Bosch de que el virus del papiloma es la causa necesaria para que se desarrolle un cáncer de cuello uterino. Una vez que se ha producido una infección, el virus puede originar verrugas y lesiones genitales que con el paso del tiempo pueden conducir a un cáncer de cérvix. Este tipo de tumor tiene una elevada prevalencia en los países subdesarrollados. En España, sin embargo, la prevalencia es baja: 7,6 casos por cada 100.000 mujeres, lo que significa unos 2.000 nuevos casos diagnosticados al año. La mortalidad es de unas 600 mujeres al año.

Gran parte de estas muertes podrían evitarse de aplicarse correctamente el método de prevención hasta ahora acreditado, el cribado mediante citología. La prueba del Papanicolau, que las autoridades sanitarias recomiendan realizar cada año, permite detectar las lesiones precancerígenas causadas por el virus y detener su evolución. Algunos estudios indican que el 80% de las pacientes que mueren por este cáncer no se han realizado una citología preventiva.

La nueva vacuna, cuya comercialización se aprobó en agosto pasado y puede adquirirse ya en las farmacias españolas, tiene carácter preventivo y, por tanto, ha de administrarse antes de que se inicien relaciones sexuales, por eso se recomienda administrarla a niñas de 9 a 14 años. La vacuna protege contra cuatro de las distintas cepas del virus, que son las más comunes internacionalmente, pero no cubre la totalidad del riesgo de contraer cáncer y, en todo caso, no cubre a las mujeres que ya han iniciado relaciones sexuales. Eso significa que la vacuna no es una alternativa al cribado mediante citología, por lo que la decisión de vacunar implica aplicar las dos estrategias preventivas simultáneamente, al menos durante varias décadas. Y ahí es donde surge la polémica, en la evaluación del coste-oportunidad de una medida tan costosa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de noviembre de 2007