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Un estudiante muere al defender a una mujer agredida por su novio

El joven recibió un golpe en la cabeza al intentar mediar en la pelea

Daniel Oliver corrió hacia su muerte al mediodía del 17 de octubre. El joven, de 23 años, acababa de salir de la facultad de Derecho en Valencia y se disponía a tomar el autobús de vuelta a casa cuando vio lo que varios estudiantes y transeúntes llevaban un rato contemplando sin mover un dedo: David G. M., un tipo de las dimensiones de un armario, golpeaba y pateaba a su novia en el suelo a escasos 30 metros de allí. Oliver reaccionó instintivamente: se quitó la mochila del hombro y se acercó corriendo a socorrer a la víctima. Dijo algo, pero no llegó a oír si le contestaban. El agresor se giró y soltó el puño en un solo movimiento. Oliver cayó como un tronco, se abrió la cabeza contra la acera y murió el martes, en el Hospital Clínico de Valencia, después de siete días en coma a causa de un edema cerebral.

El agresor fue detenido allí mismo por la Policía Local. La juez lo puso en libertad con cargos acusado de un delito de lesiones. Tras la muerte de Oliver, la juez comunicó que estudiará si manda a prisión a David G. M. una vez conozca la autopsia.

Cuenta Javier Domingo, uno de los testigos de la agresión, que llamó al 112 para avisar a una ambulancia, que David G., de 27 años, se derrumbó ante el joven al que acababa de noquear y empezó a decirle: "Tío, no me hagas esto, aguanta, no te mueras", con una voz cercana al llanto. Y cuenta Matilde, una de las tías de Oliver, que dos días antes de morir, su sobrino recibió la visita de David G. M., quien se disculpó ante la familia por lo ocurrido. El acusado niega que estuviese pegando a su novia. Ni siquiera reconoce que hubiesen discutido. La joven, que no ha presentado denuncia contra él, respalda su versión.

Varias personas asistieron paralizadas a la paliza, según Javier Domingo, compañero del fallecido, pero sólo Daniel Oliver intervino. ¿Por qué no reaccionó él también? "Yo no me acerqué porque pensé: 'A ver si acabo recibiendo yo'; el tipo estaba bastante fuerte", respondía ayer el chaval, a quien la juez aún no ha llamado a declarar.

Oliver vivía en Benicull, un pueblo de algo más de 900 habitantes, a 40 kilómetros al sur de Valencia, donde las esquelas todavía se cuelgan en las calles para que las vean los vecinos. Prácticamente ninguno faltó al funeral. Teresa, una anciana, destacaba la actitud "servicial" de Oliver: "Le ha pasado a él por ser demasiado buen chico".

No todos lo veían así. En Valencia, Bernat Sifre, alcireño, compañero de carrera de Daniel, decía: "Hay formas de ser, y en los pueblos somos así; yo también me hubiera metido. Cuando la gente ve el vídeo de la chica a la que pegan en el tren se lleva las manos a la cabeza, pero nadie fue para levantarse y decirle al chaval: '¡Eh!, ¿pero de tú de qué vas?' Yo veo muy bien lo que hizo Daniel, me parece un tío de puta madre".

Información elaborada por Ignacio Zafra, Lydia Garrido y Xavier Espanya.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de octubre de 2007