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Bolsas y expectativas

En estos últimos días es frecuente encontrar una combinación de noticias que sorprende. Por un lado, los analistas alertan sobre los riesgos a la baja en la actividad económica. Por otro, los precios en los mercados bursátiles se encuentran en niveles muy altos, en máximos en algunos mercados. La evidencia empírica nos muestra que en general los mercados bursátiles suelen anticipar la evolución económica, lo que hace paradójica la situación actual. Es cierto que en otros momentos se ha observado una discrepancia entre las expectativas de los analistas y las de los mercados financieros en relación con la actividad, pero lo relevante es la duración y la forma en que se resuelve esa brecha de expectativas.

Los mercados bursátiles se ven apoyados por la globalización de las grandes compañías y por el margen de las políticas económicas

¿Qué elementos podrían estar dando lugar a la divergencia actual? En primer lugar, el hecho de que los inversores en los mercados bursátiles perciben que si aumentan los riesgos a la baja sobre las economías, los bancos centrales, como buenos gestores de riesgos, moverán a la baja su tipo de interés. Ello contribuirá a suavizar el ciclo económico. Una situación de expectativas de inflación muy ancladas da margen a las autoridades monetarias para actuar de esta forma.

En segundo lugar, las grandes empresas, que son las que están protagonizando esta evolución bursátil, parten de una situación de beneficios holgada, y en los últimos años han acentuado la tendencia a la globalización. Diversificando la base geográfica de sus beneficios tienen más soportes si se produce una desaceleración de la actividad en una zona del mundo. En este sentido, conviene recordar que los países emergentes están mostrando un notable dinamismo en este momento. El impacto en ellos de las turbulencias financieras de los países desarrollados de los últimos meses ha sido muy limitado por el canal financiero y cabe esperar que lo sea también por el canal real. Se suele afirmar que estas economías se han beneficiado de factores externos y que a medida que éstos se agotan deberían moderar su crecimiento. La realidad parece mostrar que han aprovechado la bonanza externa de los últimos años para desarrollar una buena base doméstica de crecimiento, que está siendo su principal ancla. Así pues, desde una perspectiva global, los riesgos de desaceleración para la economía mundial son mucho menores.

Mayte Ledo es economista jefe para Europa y Escenarios Financieros del Servicio de Estudios del BBVA.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0020, 20 de octubre de 2007.