Reportaje:Feria del Libro de Francfort

Un Off Francfort en el Raval

Todos los miércoles, desde hace cinco años, los amantes de la poesía tienen una cita en el bar Original, situado delante del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba). Allí, Ferran García y Josep Pedrals organizan presentaciones de libros, fiestas literarias y sesiones poéticas de escritores tanto noveles como consagrados. Pero el pasado miércoles la cita tenía un carácter especial y por ello, al principio, Ferran García dudaba del éxito de la convocatoria, que al final resultó espectacular.

La idea era reunir a los poetas no invitados a la feria del libro de Francfort, aunque el proyecto inicial de García y Pedrals era organizar una fiesta de despedida a todos los que se iban a Alemania como mensajeros institucionales de nuestra cultura. Incluso estaba prevista una procesión encabezada con un estandarte que veneraba a Ramon Llull. Visto lo complicado de la empresa, optaron por lo que ya conocen: reunir a poetas para que se expresen. Y les funcionó.

Un puñado de poetas que no estaban en la feria alemana se reunieron en el Original

El acto empezó a las 20.30 con apenas 10 personas, pero muy pronto el recinto se llenó de poetas, la mayoría muy jóvenes, superando el diluvio que en aquel momento azotaba la ciudad. Enric Casasses encabezaba la troupe, aunque él marchaba la tarde siguiente hacia Francfort para recitar a Verdaguer. Pero nadie se lo tuvo en cuenta.

El ambiente se caldeó enseguida. Los poetas se animaban unos a otros, se tiraban piropos y se aplaudían. La mayoría recitaba de memoria sus poemas, pero al final se homenajeó a los clásicos o a sus clásicos preferidos: Vicent Andrés Estellés, Damià Huguet y, sobre todo, Blai Bonet. Cabe decir que había un grupo de mallorquines con mucha fuerza: Joan Tomàs, de la revista Pèl capell; Jaime C. Pons, pero también Ivet Nadal, Tomàs Arias, Blanca Vidal, Laura López, Helena Porteros...

Ferran García era el maestro de ceremonias, que contabilizó cerca de 30 rapsodas. A las once se notaba el cansancio y, en especial, el hambre de los que no habían cenado. Pero, con todo, la gente seguía subiendo al estrado y al final ya no se movían de la primera fila para salir a actuar antes de que se diera el acto por acabado, como pretendía el organizador desde media hora antes.

Casasses, el mestre, como alguien reconoció antes de actuar, era de los que no paraban de subir al escenario. Aparte de su repertorio, recitó aforismos de memoria y un poema -a su juicio, el mejor dedicado a un río, teniendo en cuenta que en Mallorca no existen- también de Blai Bonet. Al final, Ferran García los tuvo que sacar casi a la fuerza. Y terminó diciendo: "En Francfort están los escritores institucionales, aquí los que picamos piedra cada semana".

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 11 de octubre de 2007.

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