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Reportaje:

Ciudadanía entre los ciudadanos

Juventudes Socialistas escenifica una clase "militante" de la nueva asignatura

"No sé exactamente qué es la asignatura de Educación para la Ciudadanía, pero me figuro que es una clase de civismo, que yo siempre he echado de menos", decía ayer Fernando García, madrileño de 77 años, en la plaza de Santa Ana. Unos metros más allá, Concha Mateos, en la vida real profesora de Universidad, ejercía de maestra de la asignatura en un aula improvisada al aire libre por las Juventudes Socialistas. Frente a la seño, unos 40 alumnos, en realidad militantes, atendían a la lección. No estaban entre los pupilos los dos chicos del vídeo de la polémica -lanzado por las juventudes del PSOE- y eso que al menos a él, por lo que contaba la profesora, falta le hacía la lección.

En primera fila, muy aplicado, Pedro Zerolo, miembro de la ejecutiva socialista, afirmaba que él aprobaría la asignatura, a pesar de que recibió "formación del espíritu nacional. Sin embargo, mis hijos recibirán una asignatura que regala democracia y respeto a los demás". En los primeros minutos de clase, la profesora fue desgranando los pilares de la materia: Constitución del 79, derechos humanos, instituciones que representan a los españoles, la no violencia, la afectividad...

"Esto no es más que un mitin, que ya estamos en campaña. De todos modos la clase de Ciudadanía me parece una buena idea", decía Manuel, de 30 años, único hombre entre varias mujeres que cuidaban de sus niños en el parque infantil de la plaza. A su lado, su hija Lola, de un año. "Para cuando ella esté en la escuela, habrán llegado otros al poder y la asignatura ya habrá cambiado", reflexionaba el padre.

De vuelta al aula, un joven socialista que se decía "católico y practicante" preguntaba a la profesora si la Educación para la Ciudadanía estaba en contra de sus creencias. "Ser ciudadano no es incompatible con las creencias religiosas. Nadie, nunca, podrá intentar meter mano en tu soberanía íntima, en tu confesión religiosa", tranquilizaba la maestra al alumno, "y nadie te calificará según tus principios éticos y morales".

Ante la pregunta sobre religión, fuera de la clase -o mejor a un lado- Gonzalo, de 72 años, vecino del barrio, sostenía: "Si usted es católico, es una cosa suya, un vicio personalísimo, privado, que deberá ejercer en su casa. En el aula se debe enseñar convivencia y laicismo". Respecto a su conocimiento de la Educación para la Ciudadanía, Gonzalo decía tener "una ligera idea, pero me parece una milonga. Lo que hay que establecer es una educación más seria y profunda de la historia y cultura de nuestro país".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2007