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Reportaje:

La revolución de los monjes

Los militares que gobiernan en Myanmar desde hace 45 años amenazan con tomar represalias contra las protestas encabezadas por los religiosos budistas

Atrincherados en su nueva capital, Naypyitaw, los generales que gobiernan Myanmar (antigua Birmania) desde hace 45 años se enfrentan a un dilema de difícil solución. Pueden cargar con dureza contra las protestas encabezadas por los monjes budistas, que empezaron hace una semana y se extienden por todo el país asiático, pero se arriesgan a provocar con ello una rebelión en masa de ciudadanos indignados por los ataques a los muy venerados religiosos. O pueden dejarles marchar por las calles pacíficamente, pero se arriesgan a que el movimiento siga extendiéndose y acabe también en rebelión.

De momento, la Junta Militar que gobierna el país asiático se ha decantado por la segunda opción, aunque con reservas. Las protestas, a favor de la reconciliación nacional y la liberación de los disidentes, se ampliaron ayer. Entre 200.000 y 300.000 birmanos (al menos 22.000 religiosos), según las fuentes, salieron de forma pacífica a las calles de la antigua capital, Yangon, y otras ciudades de Myanmar -Mandalay, la segunda más poblada, y Pakokku- en la mayor protesta contra los militares desde la matanza de activistas demócratas perpetrada hace dos décadas por el régimen (murieron 3.000 personas), que ha amenazado con adoptar represalias.

Los ciudadanos salen en masa a la calle en la mayor movilización desde 1988

Estados Unidos prepara nuevas sanciones contra el régimen de Myanmar

El ministro birmano de Asuntos Religiosos, el general Thura Myint Maung, advirtió a los monjes budistas que encabezaban las protestas de que el Gobierno adoptará medidas contra ellos, aunque no dio detalles, según la televisión estatal.

"No parece que los monjes vayan a abandonar", afirmaba una fuente diplomática en Yangon, informa Reuters. Otros analistas señalan que los generales viven en la nueva capital (cambió recientemente de Yangon a Naypyitaw), ajenos a la realidad.

La ONU, la Unión Europea y la mayoría de los países occidentales, como EE UU, Reino Unido, Francia y Alemania, llamaron ayer a la calma a las autoridades. El presidente estadounidense, George W. Bush, tenía previsto anunciar anoche más sanciones contra el régimen de Myanmar, como denegar los visados a los miembros del Gobierno.

Las protestas comenzaron el 19 de agosto como un movimiento en contra de las duras medidas económicas impuestas por la Junta que, durante la noche y sin previo aviso, elevó los precios del combustible un 500%. Después de varios días de caos, el Gobierno arrestó a cientos de activistas (218, según informó ayer la Asociación de Presos Políticos de Birmania). Un grupo de monjes salió a la calle en Pakokku, localidad situada en el norte del país, para protestar también por la medida y fueron agredidos por los soldados.

Esta agresión indignó a los religiosos, que pidieron al Gobierno que se disculpase y, cuando finalizó el plazo que habían propuesto, comenzaron a salir a las calles respaldados por los miles de civiles que les han ido acompañando en todas sus marchas -a las que el domingo también se sumaron monjas budistas vestidas de blanco-, en lo que se empieza a conocer como la revolución azafrán por el color de las túnicas budistas.

Después de que los monjes encabezasen las marchas durante los últimos ocho días, las protestas han adquirido un cariz político. Entre los manifestantes se encontraban funcionarios de la oposición, así como de la Liga Nacional para la Democracia, el partido liderado por la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, bajo arresto domiciliario desde junio de 2003 por orden de los militares.

Tras muchos años de confinamiento, Suu Kyi apareció el pasado sábado en el umbral de su casa para rendir tributo a los monjes y a varios centenares de ciudadanos que sobrepasaron la barrera policial que impide a la gente acercarse a la vivienda de la líder de la Liga Nacional por la Democracia, la única formación que resiste a la fuerte presión del régimen.

Los activistas más venerados por los birmanos

Las autoridades de Myanmar no han tenido muchos reparos a la hora de encarcelar a los activistas de la oposición desde que se iniciaron las protestas. Pero los monjes budistas son objeto de gran reverencia entre la población birmana, que es altamente devota. Y por eso la policía les ha dejado marchar sin interferencias.

En Myanmar hay unos 400.000 monjes, casi tantos como soldados tiene el Ejército, pero se desconoce cuántos se han sumado a la resistencia.

Durante años, los militares han cultivado sus lazos con la jerarquía religiosa, y a menudo han invertido grandes sumas de dinero en la rehabilitación y construcción de templos. Ahora, un enfrentamiento entre los militares y los monjes parece inevitable. Los militares de Myanmar, en el poder desde 1962, ya han matado en el pasado a monjes involucrados en protestas, la última vez durante las manifestaciones antigubernamentales de 1988.

La jornada de protestas multitudinarias fue precedida ayer por una orden emitida a primeras horas de la mañana por la jerarquía de la institución budista de Myanmar, sometida al control gubernamental, a todos los monjes para que regresasen a sus monasterios y pusiesen fin a la sucesión de protestas.

La mayoría de los religiosos que han participado en las marchas de protesta a lo largo de la semana proceden de monasterios de varias localidades próximas y, tal y como establecen las normas del monacato, se han hospedado en las residencias religiosas de las urbes a las que se han trasladado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de septiembre de 2007

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