Reportaje:

'Salvem el ginjoler'

Los vecinos celebran con una lectura de poemas la salvación del azufaifo de la calle de Arimon

Unos 300 vecinos celebraron ayer en la plaza de Joaquim Folguera, frente al mercado de Sant Gervasi de Barcelona, un hecho infrecuente: la salvación de un azufaifo (ginjoler, en catalán; su nombre científico es Zizyphus jujuba), sito en el número siete de la calle de Arimon esquina con Berlinès. El Ayuntamiento ya lo ha amnistiado, pero los vecinos siguen inquietos por el "equipamiento" que se pueda construir en el futuro y que podría dejar sin aire al árbol bicentenario.

La iniciativa comenzó antes del verano de la mano de dos traductoras vecinas de la calle, Isabel Núñez e Isabel Lacruz. En esa calle, por cierto, nació el alcalde Hereu y sus padres, que viven también allí, fueron algunas de las primeras firmas que suplicaron por la amnistía del árbol. Ayer, día de la preservación de la capa de ozono decretado por la Unesco, los vecinos se reunieron a la sombra de los almeces (lledoners, en catalán) de la plaza de Folguera para dedicar un tributo poético al árbol salvado. Leyeron poemas propios, entre otros, Dante Bertini, Frances Parcerisas (un poema a un magnolio: dijo irónico que no tenía ninguno dedicado a un azufaifo), Enric Casassas, acompañado a la guitarra por Feliu Gasull, y Lluís Maria Todó, que abogó por alzar bajo el azufaifo una noucentista fuente con una escultura de ninfas que reprodujeran los rostros de las dos Isabeles salvadoras de azufaifos. Cómo no, el conjunto debería llevar unos rodolins esculpidos en la piedra que concluyeran así: "Que es conegui a tot el món / el ginjoler del carrer Arimon".

Hubo artistas que optaron por la canción. Un grupo familiar capitaneado por Alfonso y Paulina Vilallonga cantó a cappella una canción popular vasca. En solitario, Alfonso cantó un bolero de Buenavista Social Club, aquel del árbol "conmovido y triste" cuyo troncó una niña hirió grabando su nombre.

También se leyeron textos de Miquel Àngel Riera, Joaquim Carbó -que escribió un cuento sobre un olmo y un tilo que adornan su pequeño jardín de Castellterçol-, Carles Hac Mor y de un poeta ucrainés, leído y traducido por su esposa. El acto sirvió también de homenaje a Joaquim Folguera (1893-1919), un poeta entre noucentista y futurista de quien Casassas recordó la siguiente frase: "L'art modern no és art d'afalac, sinó de lluita".

El acto concluyó con el sonido de una tiple (prima de la tenora, más aguda), hecha con madera de azufaifo. Y fue como si el propio árbol agradeciera a los vecinos sus desvelos por salvarle la corteza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 16 de septiembre de 2007.

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