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La primera Diada del presidente Montilla

Más de 8.000 personas claman por la independencia en Barcelona

La marcha, dividida en dos bloques, transcurrió sin apenas incidentes

Más de 8.000 personas se echaron ayer por la tarde a la calle en Barcelona para reclamar la independencia de Cataluña, coincidiendo con la celebración de la Diada. La tradicional manifestación del 11 de septiembre, que transcurrió sin incidentes, comenzó en la plaza de Urquinaona. Desde el primer momento se pudo apreciar la división de los asistentes en dos bloques. A un lado de la Via Laietana, los simpatizantes de Esquerra Republicana. Al otro, una amalgama de partidos y entidades de signo independentista: Maulets, PSAN, Endavant, Revolta Global y Cajei.

A las 17.00, los manifestantes se arremolinaron en torno a la plaza. La inmensa mayoría eran jóvenes; muchos, a juzgar por sus rostros, menores de edad. La bandera estelada, en cualquiera de sus variantes y usada a modo de capa, fue el atuendo por excelencia. Los olvidadizos pudieron comprarlas en alguno de los tenderetes de los alrededores: "Bandera mediana, 8 euros"; "bandera grande [casi el doble de grande], 10 euros".

El consejero de Universidades, el republicano Josep Huguet, hacía frente al sofocante calor tomando un refresco de cola a la puerta de un establecimiento de comida rápida. Frente a él, el historiador Joan B. Culla y el coordinador general de Esquerra Unida, Jordi Miralles, conversaban animadamente. "Para nosotros es una jornada festiva muy importante, y aquí estamos", dijo más tarde Miralles.

Al escenario de Esquerra (ERC), montado sobre un enorme tráiler, subieron dirigentes de partidos soberanistas de Flandes y de Bretaña, además de representantes de Eusko Alkartasuna, Bloque Nacionalista Galego y la Chunta. Todos se esforzaron en hablar en catalán y actuaron como pregoneros del presidente de ERC, Josep Lluís Carod. Éste proclamó que Cataluña es "incompatible" con España porque es "un Estado que no permite el ejercicio de las libertades".

Aplausos para Xirinacs

Carod dijo: "La identidad española tiene un problema con la diversidad". Y citó como ejemplo el secuestro, el pasado julio, de un número de la revista El Jueves. Entre sus entusiasmados oyentes -"yo soy muy radical para algunas cosas", decía una mujer en castellano- estaba el ex consejero Joan Carretero, líder de la corriente crítica con ERC Reagrupament.cat.

Carod no pudo librarse, sin embargo, de los gritos de botifler desde el otro lado de Via Laietana. La convocatoria de esos grupos (formados por independentistas, pero también por comunistas, anarquistas y chicos de estética skin) congregó a 4.000 personas, a juicio de la Guardia Urbana. Algo menos de lo que consiguió reunir Esquerra: 4.500 individuos. La manifestación de ERC terminó al pie de la estatua de Rafael Casanova. La del resto de colectivos prosiguió hasta el Fossar de les Moreres. Allí, la ovación más prolongada fue para el ex senador Lluís Maria Xirinacs, muerto recientemente.

Los únicos incidentes ocurrieron en el paseo de Sant Joan. Un grupúsculo de signo anarquista quemó un carrito de la compra que contenía la maqueta de un barco de cartón, una sátira de la Copa del América. Algunos simularon apuntar con una pistola a los antidisturbios de los Mossos, que permanecieron impasibles mientras custodiaban el edificio de los juzgados.

En el paseo del Borne también hubo pintadas en locales. El suceso más llamativo lo protagonizó un hombre de mediana edad que vestía camisa, una rara avis en un mar de camisetas cargadas de ideología. Al hombre se le ocurrió gritar: "¡Viva España, coño!". Tres adolescentes le oyeron y le pasaron la senyera por el cogote. El incidente quedó en anécdota porque la pareja del individuo le agarró del brazo y se lo llevó por una callejuela del Borne.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de septiembre de 2007