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Reportaje:ESCAPADAS | Otxandio | Fin de semana

La puerta sur de Vizcaya

Otxandio vive en estos primeros días de septiembre, justo antes del comienzo del nuevo curso escolar, la tranquilidad del final de los veraneos de antes, los que duraban tres meses, con la infancia recorriendo en bicicleta las principales calles del pueblo recién convertidas en peatonales. Queda así realzado el trazado de la única localidad vizcaína que se encuentra fuera de la vertiente cantábrica, entre los macizos de Gorbeia y Anboto, cruzada de Norte a Sur por el río Urkiola y con la estructura clásica de villa; no en vano Diego López de Haro confirmó sus fueros en 1304.

Los puertos de Dima, Urkiola y, más allá, Barazar, permiten alcanzar desde Vizcaya su última localidad al sur. Es tarea complicada en los tres casos, aunque con mejor trazado en la carretera de Barazar, que se complica en los últimos kilómetros. Sobrepasando el tópico, la excursión merece la pena, porque Otxandio, quizás por su historia fronteriza, quizás por el entorno único junto a los parques naturales de Gorbeia y Urkiola, se presenta como un paraje único.

La plaza es un precioso exponente del encuentro de lo rural y lo urbano

Aún hoy, a principios del siglo XXI, el pueblo mantiene el porte de una villa clave en el comercio entre la meseta y el eje Durango-Bermeo-Bilbao. No hace falta nada más que plantarse en mitad de la plaza, precioso exponente del encuentro de lo rural y lo urbano, donde conviven en una cautivadora armonía viviendas y edificios institucionales, iglesia, bolatoki y frontón, en un espacio abierto, que oxigena todo el trazado de la villa que queda detrás de la Casa Consistorial. Destaca, en el centro, el elegante frontón de 1857, que conserva el suelo de losas (como ya quedan pocos) y unos muros de mampostería inimitables en estos tiempos de cartón piedra. Detrás, el Ayuntamiento, levantado en 1742, fiel reflejo de la relevancia que tenía Otxandio en aquella primera mitad del siglo XVIII. Con cubierta a cuatro aguas, construido con magnífica sillería, todavía hoy hace sombra a la iglesia de Santa Marina. Sobre todo, ahora que la Iglesia vive horas bajas en el otro tiempo más que católico País Vasco. Una pintada en una de las puertas laterales del templo recuerda al cura Ramontxu, quizás la última muestra de una fe que languidece sin visos de resurrección. El templo, fruto de sucesivas transformaciones, apunta maneras renacentistas, barrocas y neoclásicas, y quizás tenga más futuro como sede de un museo local que recoja la rica historia de la localidad, cuna de Carmelo Bernaola, entre otros hijos ilustres.

Porque el compositor vizcaíno siempre se enorgulleció de sus orígenes. Nacido en 1929 en Otxandio, siempre reivindicó su lugar natal, casi tanto como el Athlétic o la música electroacústica. Quien fuera director del Conservatorio Jesús de Guridi de Vitoria era, por ejemplo, un tenaz defensor de la vizcainía del cercano enclave de Olaeta, perteneciente al municipio alavés de Aramaio, motivo de controversia secular entre ambos territorios históricos.

Pero antes de llegarse hasta Olaeta, que bien merece la pena por sí mismo, hay que pasear por las calles de Otxandio. Artekale es la arteria principal, repleta de bares y comercios. Cruzan bajo sus casas hacia la calle paralela un par de cantones atunelados que acentúan el atractivo de la vía. Ya, al otro la del pueblo, bajando por Uribarrena, y una vez que se deja atrás la iglesia y el frontón, se disfruta de lo que hace siglos era una de las salidas de la localidad, donde en el pasado abundaron las ferrerías.

Recordando la vinculación de Otxandio con la explotación del hierro se comprende uno de sus elementos más curiosos: la fuente de Vulcano (1850), con cuatro caños y la figura del dios romano con tenaza de herrero, símbolo de la tradición ferrona de Otxandio. Tanto que hasta el club de fútbol del pueblo lleva su nombre.

La visita a Otxandio no puede soslayar sus ermitas, desde la gótica de San Martín, en el barrio del mismo nombre, hasta la clasicista de San Antonio, con unos interesantes retablos del siglo XVII.

Olaeta, el enclave perdido

Cómo llegar: Desde Bilbao, Otxandio se encuentra al otro lado de los puertos de Urkiola (BI-623) y Dima (BI-2543), que parten del corazón del valle de Arratia. Desde Vitoria, hay que tomar la N-240 hasta Legutiano y una vez allí, la BI-623.

Comer: La oferta es variada: entre otros establecimientos, Huri-Barrena (945 450 125), Gure Etxea (945 450 200) o el asador Gomilaz en el barrio homónimo (945 450 387). Ya en Olaeta, el Goikoetxea (945 450 171).

Alojamiento: La localidad vizcaína cuenta con un establecimiento de turismo rural, Kerizara (945 461 412). Ya en Olaeta, se puede acudir a Etxebarri (945 450 123).

Actividades. En recuerdo de Carmelo Bernaola, el recorrido por Otxandio concluye con una escapada a Olaeta. A la salida de aquella localidad, en dirección a Vitoria, se encuentra el desvío hacia un enclave que bien puede merecer el calificativo de idílico. Caseríos repartidos entre prados y bosques de árboles de hoja caduca, con el Anboto al fondo dominando el perfil del horizonte. El atractivo del lugar se confirma cuando el viajero, seducido por la belleza tranquila del recorrido, se encuentra con el final de la carretera: comienza el paseo a pie, en medio del bosque.

También se puede llegar hasta el núcleo central de Olaeta, paseando desde el centro de Otxandio. Desde la plaza Mayor, el itinerario conduce hasta el barrio de Mainondo. Aquí, después de preguntar a algún vecino, se toma la calzada de Iluntxo que, entre bosques y prados, llega al mismo Olaeta. La vuelta se puede realizar por el hayedo de Miru-Gain, después de recorrer unos 300 metros de la carretera que une el enclave alavés con la villa vizcaína.

Eso sí, es recomenda ble visitar Olaeta en días laborables.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de septiembre de 2007

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