Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Análisis:A LA PARRILLA

Contador cero

Hasta el momento, el mejor servicio público que hicieron los nuevos jefes del Ente, ahora llamado Corporación, ha sido poner a cero el contador de sus magníficas series aprovechándose de la flojera del verano. Nadie se explicaba cómo una televisión que tenía los derechos "en abierto" de El ala oeste de la Casa Blanca, A dos metros bajo tierra, Mujeres desesperadas o Lost, maltratase como maltrató estos años con sus disparatadas programaciones y horarios a más de un tercio del actual canon de esas nuevas ficciones televisivas que ya se conocen como la Edad de Oro de las series norteamericanas. Esa anomalía del Ente, o despiste teléfilo, obligó a los espectadores a practicar la inédita nomadía catódica: levantarse indignados del tresillo del cuarto de estar y largarse a El Corte Inglés, la FNAC o Amazon a comprar los packs de DVD con las series ordenadas por temporadas, o lo que es mucho peor, levantarse al cuarto de al lado a descargar piratamente en el cristal líquido del ordenador los capítulos perdidos, incluso los todavía no emitidos en España, de Perdidos.

Ahora, insisto, ya no hay disculpas para que la Corporación incumpla su sagrada misión de servicio público porque a eso se dedicaron durante el verano con sus series del canon de oro, emitiendo al mismo tiempo temporadas viejas y nuevas, quemando estrenos o manoseando antiguos capítulos, para poner el contador a cero. Por mi parte, y a pesar del suplicio estival, restablezco el contrato de confianza con las dos cadenas públicas y, si esto es así, como espero de la nueva Corporación, ruego encarecidamente a las televisiones privadas que, por favor, también dejen de marearnos con sus disparatadas programaciones de las series del canon de oro, mezclando viejos y nuevos Grissom, doctores House, náufragos y mujeres desesperadas. Las series se dividen por temporadas y las temporadas por capítulos, por este orden. No es muy difícil de entender, y los teléfilos, que no somos tan burros, ya lo hemos asimilado. Pero sólo cuando todos respeten esa lógica infantil votaremos cuál fue o será la mejor serie del año.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de agosto de 2007