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CARTAS AL DIRECTOR

Crecepelos forestales

Al llegar el verano se multiplican los vendedores de crecepelos forestales y los oportunistas mediáticos. Podremos teorizar sobre incendios forestales cuanto queramos, que poco avanzaremos. Somos españoles, no podemos obviarlo. La responsabilidad y el trabajo bien hecho no son características autóctonas nuestras. Si acaso, puntuales y pasajeras.

Y no avanzaremos mientras no nos demos cuenta de que, principal y perentoriamente, los fuegos no se apagan en verano, ni tampoco, como dicen los "expertos teóricos", en invierno. Los incendios deben empezar a apagarse mucho antes. Y no en el monte, sino en la escuela. Es la educación lo que debemos cultivar y la semilla del respeto, la que debemos sembrar.

Debemos guiar el crecimiento educativo hacia la preservación del entorno, podar la ignorancia. Regar con el agua de la biodiversidad y abonar nuestras mentes desde pequeños. Pero abonar con cultura. Una cultura de lo natural, no enclaustrada en acero, hormigón y peceras de cristal. Una cultura abierta y en verde. Sólo así reduciremos las plagas que destruyen y reducen a ceniza nuestros montes, los incendios. Al tiempo que el agua que gastaremos para fumigarlos cada vez será menor. La floración nos fructificará en concienciación y compromiso. En definitiva, en futuro esperanzador.

Los árboles a proteger no son los chopos, ni los robles, ni los pinos, que también, sino los niños. Protegerlos de nuestras conductas equivocadas, antes de que sean hombres. Todo monte quemado no es más que un suspenso social.

Soy agente forestal, 100% libre de piromanías, al igual que el 100% de mis compañeros, aunque la prensa diga lo contrario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de agosto de 2007