El Ejército británico deja las calles del Ulster

Reino Unido termina en Irlanda del Norte la operación militar que empezó hace 38 años

Esta noche se abre una nueva etapa en Irlanda del Norte. A medianoche, el Ejército británico pone punto final a su operación de seguridad en el Ulster, la más larga de su historia reciente. Por primera vez desde 1969 reduce su presencia en la provincia a una guarnición por debajo de los 5.000 soldados, cuyas atribuciones dejan de estar vinculadas a la seguridad interior. El Ejército abandona las calles del Ulster, como exigía el proyecto de desmilitarización de Irlanda del Norte acordado por los principales partidos norirlandeses y los Gobiernos de Londres y Dublín. Gerry Kelly, responsable de seguridad del Sinn Fein, lo considera "significativo y necesario para sentar las bases de una sociedad en paz consigo misma".

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El repliegue del Ejército británico de Irlanda del Norte se ha ido produciendo escalonadamente a medida que avanzaba el proceso de paz y la seguridad comenzaba a normalizarse. Pero no será hasta esta medianoche (del 31 de julio al 1 de agosto) cuando se dará por concluida oficialmente la Operación Banner, la campaña más prolongada y continuada de las Fuerzas Armadas británicas en su territorio nacional.

En los 38 años de campaña -desde 1969, cuando el Gobierno conservador de Ted Heath envió refuerzos al Ulster en apoyo de la policía local- más de 300.000 efectivos militares han servido en la conflictiva provincia. De ellos murieron 763 soldados -la última baja, el cabo de artillería Stephen Restorick, por disparo de un francotirador en 1997- y más de 6.000 resultaron heridos.

En las épocas más violentas de los llamados troubles (problemas), el nivel de tropas llegó a superar los 28.000 individuos y en 1994 aún había 19.000. Ahora el despliegue se limita a una guarnición, formada por menos de 5.000 soldados.

Su misión también ha cambiado por completo. Ya no dirigirán operaciones en los reductos católicos de Belfast o Derry, ni en la frontera con la República de Irlanda, en la provincia de Armagh, considerada en su día feudo de los francotiradores del IRA. Tampoco patrullarán en apoyo de la reformada Policía de Irlanda del Norte, que será el único cuerpo responsable de la seguridad.

Guarnición de paz

La consolidación del proyecto político, que arrancó con la firma del Acuerdo de Viernes Santo, en 1998, y la progresiva eliminación del riesgo del retorno a la violencia paramilitar han permitido dar paso a una guarnición de paz, confinada a los cuarteles y disponible para servir en Irak o Afganistán.

"El 1 de agosto marca el principio de una nueva era para las Fuerzas Armadas de Reino Unido cuando, al igual que en otras partes del país, los militares formarán parte de la comunidad", señaló ayer Bob Ainsworth, secretario de Estado en el Ministerio de Defensa. "Ya no formaremos parte de las fuerzas de seguridad, seremos parte integrante de la comunidad", coincide el general Nicolas Parker, alto responsable militar en Irlanda del Norte.

"Es un paso muy significativo", reconoce Gerry Kelly, negociador del Sinn Fein en el proceso político, portavoz republicano en seguridad y miembro de la Asamblea de Belfast. "Significativo porque fue una presencia militar opresiva para la comunidad católica y un contundente instrumento para aplacar la rebelión nacionalista y republicana. También es significativo para la paz, puesto que sienta las bases para construir una sociedad en paz consigo misma".

Kelly reconoce que la desmilitarización debía producirse gradualmente, como también fue escalonado el desarme del brazo militar de su formación política. La confirmación de la destrucción del arsenal del IRA, en septiembre de 2005, vino inmediatamente precedida por el compromiso explícito del Gobierno británico de poner fin a la Operación Banner en un plazo de dos años. "El proceso debía ser bidireccional. Para alcanzar una resolución al conflicto era necesario la participación equitativa de todos los combatientes, incluidos el IRA y las tropas británicas", advierte.

Nadie habla de vencedores y derrotados absolutos. Un informe militar interno, desvelado este mes por el Ministerio de Defensa, reconoce que "el Ejército no venció en una forma reconocible", pero sí consiguió su objetivo, "que permitió establecer un proceso político sin niveles inaceptables de intimidación". "La violencia", prosigue el documento, "se redujo hasta tal punto que puso en claro al IRA que no vencería mediante la violencia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 30 de julio de 2007.

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