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Necrológica:

Kerwin Mathews, actor

Interpretó 'Simbad y la Princesa' y 'Los viajes de Gulliver'

El actor estadounidense Kerwin Mathews (Seattle, 1926) ha muerto en su casa de San Francisco, a los 81 años, a causa de un ataque cardíaco. Mathews alcanzó notoriedad entre los aficionados a raíz de su interpretación del personaje de Simbad el Marino, en la legendaria película aventurera Simbad y la Princesa (1958). En los años 50 y 60 interpretó más de 20 películas en las que brillaba por lucir su apostura y su poderosa presencia física.

Mathews nació en Seattle el 8 de enero de 1926 y llegó tarde al mundo del cine: después de permanecer dos años en las Fuerzas Aéreas de EE UU durante la II Guerra Mundial, ejerció durante varios años como profesor en Wisconsin, para más tarde trasladarse a Pasadena y cumplir su sueño de trabajar en el teatro.

Sería allí donde le descubriría un agente que, admirado por su porte, logró que Mathews obtuviera un contrato con Columbia Pictures para debutar como actor en la gran pantalla a los 29 años, a las órdenes del artesano Phil Karlson, en el drama criminal 5 against the house.

Tras algunas breves apariciones televisivas encontró un valedor en el realizador Vincent Sherman, que le dirigió en 1957 en la que sería la segunda película para el intérprete, Bestias de la ciudad, que permitió que compartiese reparto con intérpretes de la talla de Lee J. Cobb y Richard Boone.

Un año después, su excepcional fotogenia hizo de Mathews el actor idóneo para uno de los clásicos aventureros de la historia el cine, la mejor película que se haya filmado sobre Simbad el Marino: Simbad y la Princesa, del gran Nathan Juran, que es un referente gracias, en buena medida, a los efectos especiales del maestro Ray Harryhausen, creador del stop motion, una técnica que permitía recrear en maquetas a todo tipo de monstruos y filmar su movimiento fotograma a fotograma. Así, Mathews se midió en el filme con un dragón, con un cíclope y con una mujer convertida en serpiente. Pero aún hoy permanece en la memoria de los aficionados el duelo a espada entre Mathews y un esqueleto viviente. Sin embargo, sólo logró ese enfrentamiento gracias a la magia del cine: en realidad, Mathews interpretó su lucha ante la nada, ya que el esqueleto fue agregado más tarde a las imágenes de la película.

Cierto es que, como otros muchos actores dedicados al cine de aventuras o de acción, Mathews nunca fue un intérprete memorable. Pero sí supo aportar a sus personajes una cercanía y una naturalidad que siempre llegaba al espectador.

Por otra parte, Mathews intentó moverse por otros territorios: el drama bélico Espías de uniforme (1959) y el thriller de André de Toth Pendiente de un hilo (1960) fueron películas en las que creció como actor. En 1960 le llegaría otro éxito popular gracias a Los viajes de Gulliver (en la que los efectos especiales también eran obra de Harryhausen), una producción de la Columbia que adaptaba el clásico de Jonathan Swift, y en 1961, Mathews compartiría reparto con el gran Spencer Tracy en el drama El diablo a las cuatro.

En 1963 interpretó el que siempre fue su personaje favorito: el compositor Richard Strauss, a quien encarnó en la serie televisiva Disneyland. Desde entonces, su carrera se iría apagando, aunque aún llegase a participar en buenas películas, como el western de Gordon Douglas Los forajidos de Río Bravo (1970) y El niño que lloraba al hombre lobo (1973), donde se pondría de nuevo a las órdenes de Nathan Juran. Se retiró oficialmente en 1978, con el olvidable filme de serie B Nightmare in Blood. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de julio de 2007