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Crítica:

Socialismo en la Edad Media

Con la cuidada prosa de un esteta, William Morris construyó en 1888 la pesimista El sueño de John Ball. Novela ambientada en el siglo XIV en la que el narrador y su protagonista disertan sobre la libertad humana, la igualdad de los trabajadores o la justicia social.

Pintor prerrafaelista, diseñador (telas, papel pintado), magnífico tipógrafo (su edición de Los cuentos de Canterbury ilustrada por Burne-Jones es una joya mundial del ramo), el polifacético británico William Morris (Walthamstow, 1834-Kelmscott House 1896) fue también uno de los teóricos de lo que hoy se conoce como "socialismo utópico" y un nada desdeñable escritor al servicio de ese ideal, tarea en que le acompañaron, cada cual a su modo, John Ruskin y hasta Oscar Wilde. Algunos lectores conocerán ya su más conocida novela de tesis, la utopía Noticias de ninguna parte, de 1891, que se tradujo ya al español en 1903 en traducción que, por cierto, se ha reeditado idéntica más de una vez. Algo anterior -de 1888- es la novela El sueño de John Ball donde mezcla la utopía, el sueño real, y un viaje en la historia...

EL SUEÑO DE JOHN BALL

William Morris

Traducción de Juan

Castilla Plaza

Barataria. Barcelona, 2007

141 páginas. 15 euros

El narrador (contemporáneo

de Morris, acaso él mismo) se siente transportado a la Inglaterra medieval, y allí, en tierras de Kent, a un pequeño y hermoso pueblo en guerra con sus señores para defender sus derechos y su libertad. Quien encabeza la revuelta es un clérigo arisco y sabio, llamado John Ball, que terminará -pero esto queda fuera del relato- en la Torre de Londres y en la horca, por desobediencia al rey. Estamos en el siglo XIV, y lo que Morris quiere contarnos (además de la belleza artesanal de la Edad Media y de una batalla con arqueros y ballesteros) es la conversación nocturna, en una iglesia recién hecha, entre el narrador, intuido como visitante del futuro, y el propio John Ball acerca del destino de la libertad humana, de la igualdad de los trabajadores, de la justicia social. No faltan toques esteticistas porque estamos ante la cuidada prosa de un esteta, pero el discurso (que no siempre comprende el sagaz Ball) es más bien pesimista. La revuelta fracasará y otras lo harán más tarde, los trabajadores vivirán mejor pero el capitalismo -no se dice la palabra, se explica el concepto- perpetuará la explotación del hombre por el hombre, del humilde por el poderoso, del que tiene por el que nada posee. Una leyenda del rey húngaro Matthias Corvinas (sic) cierra el libro, con un dejo de desesperanza. La meta está muy lejos, pero ¿qué remedio le queda al hombre sino luchar para ir a mejor, aunque sea a través del montuoso andar de los siglos? John Ball fracasará, pero debe hacer lo que va a hacer -marchar sobre Londres- porque si no todo sería peor aún. Un bello cuento para ilustrar una compleja teoría. Socialismo utópico en estado puro. Y un encanto, un pertinaz encanto: Morris no sabe ni quiere olvidar la artesanía y las manufacturas. En la injusta Edad Media había más gente feliz que en el siglo XIX y las cosas estaban muy bien hechas. Desde los rústicos platos de madera hasta las flechas y las ballestas. "Ahora y en los tiempos venideros el hombre debe buscar una solución".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de julio de 2007

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