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Río Tinto compra Alcan para crear el líder mundial del aluminio

La siderúrgica canadiense Alcan tiene un nuevo pretendiente: su rival angloaustraliana Rio Tinto, que ayer puso sobre la mesa 38.100 millones de dólares (cerca de 28.000 millones de euros) para hacerse con su negocio y crear así el mayor productor mundial de aluminio. La oferta amistosa es un tercio más elevada que el desembolso que estaba dispuesto a hacer la estadounidense Alcoa.

El baile que protagonizan las tres compañías pone de nuevo en evidencia el apetito que tienen las grandes firmas en el sector de los metales por reforzar sus posiciones a través de las fusiones para responder a la demanda de economías emergentes como China, Brasil, India o Rusia. El miércoles, la brasileña Gerdau, matriz de la española Sidenor, compraba la tejana Chaparral por 4.220 millones.

Rio Tinto ofrece 101 dólares por cada acción de Alcan, lo que representa una prima del 65,5% sobre el máximo que alcanzaron los títulos de la siderúrgica canadiense antes de que Alcoa lanzara su OPA hostil el 7 de mayo, a 76,03 dólares por acción. Esta diferencia de precio se tradujo en un repunte del capital bursátil de Alcan del 11% en la apertura de Wall Street.

Las acciones de Alcoa también subieron ayer, en torno a un 7%, mientras que las de Rio Tinto perdían algo más de un 2%. La dirección de Alcan, que cuenta con 68.000 empleados en 61 países, ve con buenos ojos la oferta llegada desde el otro lado del Atlántico. Cuando Alcoa lanzó la OPA ni siquiera la consideraron. De cuajar la operación permitiría a las dos compañías hacerse con el cetro de un sector en manos de la rusa United Rusal.

La idea es que el negocio combinado de Alcan y Rio Tinto en el sector del aluminio se gestione desde la sede corporativa de la canadiense en Toronto y estaría capitaneado por Richard Evans, actual consejero delegado de Alcan.

Sin embargo, en el parqué neoyorquino no sorprendería que Alcoa volviera a la carga. Pero para que los estadounidenses puedan entrar en la puja debería mejorar considerablemente los términos de su OPA. El problema es que Alcoa, que llevaba dos años negociando la fusión con Alcan, no tiene la solidez financiera de los londinenses.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de julio de 2007