Columna
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Qué poco cobran los alcaldes

Mientras se preguntaba, supongo que como muchos de ustedes, por qué demonios en los últimos tiempos se habrán llenado las calles de Madrid de mujeres de rasgos orientales que venden calcetines frente a las bocas de las estaciones de Metro, se acordó de los años en que otras personas, muy parecidas a éstas, sobrevivían con una moto, una caja y tres lechugas, vendiendo a las puertas de bares como La Vía Láctea o el Pentagrama unos bocadillos indescriptibles de los que asomaban unas cosas verdes con mala pinta, pero que los amantes de las horas oscuras comían igual que si fueran el tercer plato de El festín de Babette. Juan Urbano, que como saben sus seguidores no comería algo así ni aunque le intentaran convencer apuntándole con un fusil Kaláshnikov a la cabeza, siempre sintió por esos vendedores ambulantes la simpatía que le producen las personas que se ganan la vida contra viento y marea, a base de ingenio y, si hace falta, montándose un negocio encima de una baldosa.

Es que el dinero legal es difícil de conseguir para casi todo el mundo, incluso si eres alcalde y no te quieres manchar las manos de dinero subterráneo. Juan pensó eso después de leer la noticia de que el alcalde de Boadilla del Monte, del PP, se había incrementado su salario casi un 19%, con lo que va a ganar al año 7.000 euros más que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. "Bueno, tampoco se ha pasado tanto", ironizó Juan, recordando que hace unos días el alcalde de Torrelodones, también del PP, se lo había subido un 36%, de forma que su sueldo de 91.445 euros iba a ser mayor que el del presidente del Gobierno, que cobra 89.303. "O sea", se dijo, "que no está mal, pero tampoco es para tanto, 81.136 euros son como 13 millones de las antiguas pesetas, como dirían en un informativo, que siempre están metiéndolo todo en esos moldes de las antiguas pesetas, la ilegalizada Batasuna...".

La verdad es que una cosa es que a Mariano Rajoy le dé vergüenza confesar cuánto cobra o que Esperanza Aguirre diga que le cuesta llegar a fin de mes con sus 74.490 euros anuales, y otra que los políticos estén bien o mal pagados. En opinión de Juan lo están mal, es absurdo que el presidente del Gobierno gane en un año lo que mucha más gente de la que se piensa gana en un mes y, por añadidura, es un problema: si todos los cargos públicos estuvieran mejor pagados es posible que algunos no tuviesen la tentación de llevarse lo que no es suyo o de buscar tesoros bajo los andamios de la especulación. Es decir, más o menos como aquello que se decía en una película de Mel Brooks, "hay que conseguir que el primer ministro se lo haga a su esposa, o de lo contrario se lo hará al país", sólo que cambiando el sexo por el dinero. "Vale, vale, ministro/a y esposa/o, para que nadie se ofenda", se dijo Juan, lo mismo que si hablase en público y para otras personas.

El asunto del dinero tiende a manipularse de un modo demagógico, y además parece obedecer a una moral elástica, por lo que se ve, y no hay más que acordarse de los ríos de tinta que se usaron para discutir si el propio Rodríguez Zapatero sabía o no sabía lo que vale un café y compararlos con el poco caso que se le hace a las deudas multimillonarias que acumula el Estado en otros ámbitos o con el casi nulo castigo que acaban de tener en las urnas numerosos políticos implicados en escándalos inmobiliarios que, entre otras cosas, y dejando aparte la economía, estúpido, están destruyendo metro a metro el país. ¿De verdad son tan importantes el sueldo del líder de la oposición o el café del presidente? Sin duda, cualquier ciudadano con luces en la cabeza firmaría un aumento de sueldo del alcalde y los concejales de su ciudad a cambio de que su Ayuntamiento no cayese en la corrupción, ni se dedicara a las recalificaciones sospechosas, ni destruyera el medio ambiente.

En fin, que a Juan Urbano le gustaría que los políticos estuviesen mejor pagados y, a cambio, se les vigilaran las cuentas bancarias al milímetro y se controlase mes a mes su patrimonio mientras ocupan el cargo. Ahora mismo le va a contar esa idea a su chica capicúa, a ver qué le parece a ella.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 04 de julio de 2007.

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