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Editorial:

Ciegos ante la raza

En un histórico fallo hace 53 años, el Tribunal Supremo de EE UU dictaminó en contra de la segregación racial en los colegios. En su última sesión antes del receso veraniego, su nueva mayoría conservadora ha dado un inmenso paso atrás en materia de integración al considerar, como dijo su presidente el juez Roberts, que "la manera de dejar de discriminar en función de la raza es dejar de discriminar en función de la raza". No es una perogrullada, sino que esta decisión por la mínima -cinco jueces conservadores contra cuatro liberales- puede significar el fin de las políticas de discriminación positiva que favorecían la presencia de negros y de otras razas en las escuelas públicas para obtener su integración. Puede acentuar un nuevo segregacionismo racial que ya ha empezado a hacer mella en el sistema educativo norteamericano.

La mayoría conservadora ha estimado que, de acuerdo con la 14ª Enmienda sobre la igualdad de los ciudadanos -adoptada para poner fin a la esclavitud-, la Constitución debía considerarse "ciega ante la raza", también en materia de educación. Aunque apoyó en lo básico esta posición, el juez Kennedy abrió un resquicio para que aún se pudiera tomar el factor racial para asegurar la diversidad.

Aunque este fallo se refería a dos casos precisos en Louisville y en Seattle, abre la espita para que en numerosos centros públicos las autoridades locales eliminen medidas que favorecían la integración de los negros. De hecho, son numerosos los colegios que, apoyándose en fallos de tribunales de menor rango, ya habían comenzado a eliminar estas discriminaciones positivas que hacían que, por ejemplo, en caso de empate a puntos para ir a un determinado colegio público, ser negro aumentara las posibilidades.

El Supremo se ha pronunciado sobre esta espinosa cuestión, anulando unos términos históricos de la integración racial en unos momentos en que la sociedad norteamericana se ha vuelto racial y culturalmente más diversa, ya no sólo en lo que se refiere a los negros, sino también a los hispanos o a los inmigrantes de origen asiático. Aunque ayer se pronunciara a favor de estudiar la posibilidad de que los tribunales federales puedan escuchar las causas de los presos de Guantánamo, la nueva mayoría conservadora del Supremo será el legado más duradero de Bush.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de junio de 2007